Por Roque José Giovenale –
Desde su creación, paulatinamente se fue afianzando y creciendo en su noble propósito; servir a los niños humildes y a sus familias, conformando un loable recorrido de valiosa función social, ganándose el apoyo y el reconocimiento de la comunidad uruguayense.
Seguidamente compartimos lo referido a RITA GRACIELA ACEVEDO DE LOPEZ, su directora, y por consecuencia a Casa del Niño, en el libro Mujeres-Pasión y Trascendencia- Edición II:
«Quizás porque las necesidades de los otros la movilizaban desde siempre, se acercó alguna vez a Cáritas de Parroquia San Roque para preparar acolchados, con la alegría de saber, según su decir, “que les serviría a algunas familias para dormir calentitos”. Tiempo después comenzó a colaborar en el comedor creado en la parroquia por el Padre Enrique Caballero en julio de 1984. Eran apenas los albores de una constante labor de amor y de servicio.
Años más tarde las gestiones de Guillermo García generaron un acercamiento con Ana Mon, presidenta de la Federación de Apoyo Familiar, fundadora y líder de un emprendimiento colosal iniciado en 1985 desde la ciudad de La Plata para transitar un constante crecimiento alcanzando a más de mil centros(cerca de 200 casas del niño y gran número de talleres de oficios y de proyectos productivos) esparcidos por toda la Argentina, por otros países de América, de Africa, de Asia y de Oceanía, lo que le significó reiteradas postulaciones para el Premio Nobel de la Paz. Tiene como objetivo dar herramientas a los niños y a las familias para superar situaciones difíciles, crecer e integrarse socialmente
Ese vínculo con Ana Mon hizo posible la creación, el 2 de agosto de 1992 de Casa del Niño -San Roque-, significando la pertenencia a una obra maravillosa y contar con un valioso apoyo.
Ahí en ese instante fundacional, inicia Rita, en Boulevard 12 de Octubre 1751, su trabajo al frente de la misma. En adelante no se podrá hablar de la Casa sin referirse a ella, ni hacerlo a la inversa. Recibe a una cantidad de chicos largamente superior al centenar, movida por el propósito de ir mucho más allá de servirles el desayuno, el almuerzo, o la merienda, también de brindarles apoyo escolar, y por sobre todo, educarlos con amor en los momentos compartidos a diario o en el tan esperado campamento de verano, estimulando paralelamente a sus familias a superarse.
Desde los inicios emprendió la tarea de adecuar paulatinamente el lugar para el funcionamiento de la Casa del Niño. La siente como su casa y como tal quiere ver cada día más pulcra, más funcional y más bella. Recuerda algún viaje a Mar del Plata, desde donde los chicos regresaron muy felices y ella volvió con la idea, concretada luego, de colocar mesas circulares que favorecieran el compartir y la integración en reemplazo de aquellos largos tablones usados hasta entonces.
Por haber vivido siempre en el barrio, lo conoce como a sus manos, entiende el sentir de cada familia y a cada uno de los chicos, sabe leerles el corazón. Teje una relación especial con los niños, les entibia el alma con abrazos y besos, abrigos de dudosa presencia en sus mundos infantiles, cuando llegan desde hogares maltrechos, y a la vez, ejerce la autoridad sin gritar, ni perder la calma. Por su parte los niños le expresan su cariño, manifestándolo de mil maneras, algunas muy elocuentes, como la de aquel pequeño repitiendo: “Mamá: dame los documentos, me quiero ir a vivir a con Rita”.
-La Casa del Niño es una familia, donde deben ayudarse y acompañarse entre todos, en especial ante las circunstancias más duras-. Así lo vive y lo pregona.
Las familias de los chicos, en particular las mamás más necesitadas la sienten como una hermana, una amiga que escucha, trasmite serenidad, pone paños de agua fría y tiene la palabra justa. La saben disponible para acompañarlas en trances difíciles. Les ayuda a superar un sinfín de situaciones y sigue sus problemas hasta verlos resueltos o encaminados decididamente en ese rumbo.
Van a buscarla a su propia casa en cualquier momento, quizás del día, quizás de la noche, si el dolor golpea porque enfermó, falleció o, de distintas maneras está en dificultades alguien que es o ha sido de Casa del Niño, o alguno de sus familiares.
La reconocen como una referencia importante en sus vidas. Si la alegría acaricia van a invitar, porque dejó recuerdos tan gratos como imborrables en una criatura que ahora es quinceañera, o ya ha llegado al momento de su casamiento, o del bautismo de su hijo, o a transcurrido más tiempo aún y ya tiene una hija festejando las quince primaveras. Trasmiten la sensación de que la gratitud y el afecto a ella y a quienes hacen Casa del Niño no achican, ni destiñen por el paso del tiempo.
Todas estas vivencias explican porque la inquietan aquellos chicos que pasaron por Casa del Niño y luego recorren una adolescencia de abundante tiempo libre y afectos escasos, donde parecen llenos de riesgos y vacíos de proyectos. Seguirá resonando en su corazón, la voz de Tom diciendo -Para qué crecí, si yo fui tan feliz en Casa del Niño-
Constantemente pensando y haciendo en favor de los chicos y de sus familias, fue junto a su gente sumando actividades. Así en 1995 se inició el Taller de Reciclado de ropa, en el año 2000 se creó la panadería, donde los chicos aprenden a elaborar pan, facturas, fideos, a saborear la satisfacción de llevarse a su hogar un alimento preparado por sus propias manos y quizás el germen de una salida laboral. Por iniciativa de una mamá en el 2010 se puso en marcha Amuyen, taller textil dedicado a la confección de bolsas ecológicas. En el año 2013 nació la Biblioteca “San Jorge” para alentar la lectura y estar al servicio del barrio y de las escuelas vecinas.
Durante el 2016, Rita acompañó al Padre Rubén Melchiori en la coordinación del Taller de Adicciones, el cual pasó luego a manos de la Pastoral de Adicciones.
El –San Roquino- un clásico en cada agosto, como festival folklórico de la ciudad, encuentra en Casa del Niño y en ella en particular una permanente impulsora.
Lo hecho por Casa del Niño –San Roque- movió al Padre Enrique Caballero a promover en la ciudad de Gualeguaychu, la creación de una entidad similar. Así nació, en Noviembre del 2002, Casa del Niño –San Martín de Porres-
Orientada a sembrar esperanza, ella quiere decirles a los niños y a sus familias; -si mi madre pudo salir adelante, cuando no le era nada fácil, ustedes también pueden hacerlo. Cuando se quiere, es posible superarse y crecer.
Sueña con recibir a los chicos en un contexto donde ya no necesiten llegar a comer, sino para alimentarse en lo educativo, capacitarse en lo laboral o crecer lo espiritual.
¡Batalladora infatigable! ¡Cuántas veces debió hacerse fuerte para enfrentar tormentas de dificultades de esas que tentarían a otros a dejar todo! El cuarto de siglo transcurrido no le ha quitado el entusiasmo, la encuentra entregada a su noble misión, dando amor y educación a los niños, capacitándose a través de diversas alternativas de formación, exhibiendo una disponibilidad que desborda días y horarios para escuchar a las familias y resolver sus problemas.
Mujer de fé, siempre da gracias al Altísimo por estar allí y gusta decir «Dios me puso en este lugar que me encanta». Nunca olvida agradecer a su esposo por el apoyo incondicional, y a toda su familia.»
