Deberíamos hacer una autocrítica. Vivimos obnubilados por el ruido y esa televisión basura que nos muestra que el centro del mundo es Buenos Aires y nos dejamos enredar en asaltos, asesinatos, personas que gritan en programas seudo políticos para expresar sus ideas y nos olvidamos de que el interior tiene personas que hablan sin apuro, con ideas claras y sencillas, pero muchas veces para recordar cosas que parecen olvidadas. El Dr. Carlos Presman es un personaje de Córdoba, medico, confeso hincha de Racing de Nueva Córdoba, excepcional humorista, pero ahora el autor cordobés más leído. Ha publicado recientemente su cuarto o quinto libro, “Vivir 100 años” y sus reflexiones son verdaderamente interesantes y apuntan a una cuestión fundamental, la salud como un objeto de lucro. El periodista Juan Cruz Taborda Varela, de la revista Matices, una de las tantas buenas revistas que tiene Córdoba, le hace un reportaje, del cual publicamos una parte muy sustancial.-
Lo tenemos visto. Es un tipo simpático, entrador, gran comunicador y hombre de la medicina bien entendida. También, es el escritor cordobés que más vende sus libros, algo que casi se le volvió costumbre. Pero además de todo eso, Carlos Presman es un férreo crítico del universo de la medicina actual, de los laboratorios que deciden y de los profesionales exprés.
Por Juan Cruz Taborda Varela
“No es Cómo vivir 100 años, no es Cómo vivir 100 años” dice, siempre riendo, Carlos Presman. Habla de su último libro, Vivir 100 años, al que algunos anteceden el cómo. Presman se ríe, pero le disgusta. No sólo por la confusión. Sino porque además, dice, él no sabe cómo vivir 100 años. Que eso hay que preguntárselo a los longevos, no a los médicos, cuyo nivel de vida es 10 años menor a la media. Pero no es la única confusión. Cuando Presman habla en sus habituales columnas, hace especial hincapié en la alimentación. Para algunos, se volvió el Cormillot de Córdoba. Pero es una confusión, una más.
Abro la carta del bar super cool en donde vamos a comer. Veo la lista del desayuno y enumero: medialunas, mafaldas, criollos, alfajores.
_ ¿Sería un problema empezar el día comiendo algo de eso?
_ ¿Por qué un problema?
_ Para la salud.
_ Si no te gusta es un problema. Si te gusta no.
Presman no es un talibán de la vida sana/ligth/ceroporcientograsastrans. Es un médico que escribe, cuenta historias y no le va la idea de autoayuda: “Si para vivir 100 años tenés que desayunar medio apio con dos lentejas, no podés probar una gota de alcohol, tenés que salir a correr todos los días y tenés que vivir en medio del campo, eso no es vida, es un castigo vivir 100 años así”. Y tira la clave: Uno tiene que vivir negociando con las cosas que nos gustan, que sea grato y puedas disfrutar. “Yo nunca renuncié al café con leche con dos medialunas, y he bajado de peso desayunando así, no lo negocio. Los longevos no lo son por cuidarse tanto, lo son más por hacer actividad física, y tienen un registro de la saciedad, comen lento, se juntan en familia…” explica el doctor. Y en ello va dejando esa otra mirada. La que lo ubica en esa rara avis de médicos que antes de utilizar el estetoscopio va a preguntar: ¿Y usted cómo anda?
_ Elijamos
_ Ensalada agua de mar.
_ Hojas verdes, palta.
_ Sí, tranquilo, tengo que seguir trabajando.
Almorzando con Carlos Presman. Pero podríamos decir también: Negociando con Carlos Presman. Podríamos comer otra cosa. Pero el equilibrio. Buscamos el imposible equilibrio. Me cuenta de sus últimas ideas, de cómo, en su rol de divulgador de temas médicos, busca salirse del corset cientificista de la medicina. “El otro día pensaba en el contenido de la felicidad, cómo el dinero, a partir de un punto, no te la da. Tenés tu casa, tu auto, tu comida, tu recreación. Después de ahí, la felicidad te la dan las emociones y los recuerdos. El gol de Maradona: lo veas en una tele blanco y negro o en una pantalla LCD, la alegría es la misma, ¿pero cuánto tiempo de tu vida destinas a tener esa pantalla LCD y cuánto a ver goles de Maradona, ir a la cancha, estar con tu familia?”.
Pensamos. Nos reímos. Esperamos un jugo de naranja que no llegará. Sus composiciones son claras: ponen al desnudo un estilo de vida/consumo fácilmente criticable desde la sociología. Pero
_ ¿Qué tiene que ver eso con la medicina?
_ Todo.
Se reincorpora. Mira más fijo que antes. Se apresta a una explicación, esas en la que se siente cómodo, en las que comunica su ciencia para que todos lo entiendan y que ha hecho, ese modo de expresar, su marca registrada y, tal vez, la medida de su éxito: su llegada como comunicador. Pero no sólo eso: también como un feroz crítico del universo médico.
Y dice: “Vos podes mirar la medicina desde la biología, la salud mental o el entorno social. Si la vez desde cada punto, pero por separado, no lo estás haciendo bien. La verdadera medicina tiene que integrar el contexto”.
Y vamos a los ejemplos.
Paro cardíaco en la cama 8. El médico que está de guardia, qué hace: reanima, lo intuba, lo lleva a terapia intensiva. Pero la esposa pregunta:
_ ¿Qué hicieron?
El médico responde
_ Biología: Paro cardíaco, reanimación, respirador.
_ Él es mi esposo, ¿usted sabe quién es?, ¿qué edad tiene?, ¿sabe que vive en un geriátrico hace 10 años con demencia?, ¿que hace 2 años le diagnosticaron cáncer? Lo internamos para tener calidad de muerte.
Y explica Presman: “El medico olvidó que alrededor del corazón había un cuerpo, que tenía pulmones, cerebro, hígado, riñones, que a su vez ese cuerpo era una persona que pensaba, que tenía esposa, hijos, nietos, que tenía patologías, que ya estaba geriatrizado, que suponía un costo para la familia. Y vos, desde la ciencia, la biología pura, cometés un daño tremendo”.
Y caemos en el ejemplo de este tiempo.
_ Cerati.
_ Mira lo de Cerati, 4 años la madre esperando que hubiera un milagro, pero los milagros no existen. El milagro es que los médicos piensen que alrededor del órgano hay un cuerpo, hay pensamiento, sensaciones, emociones y que somos seres sociales. Hoy la medicina, por razones culturales y económicas, transcurre por el carril de la biología, no son médicos, son veterinarios, son biólogos. Yo les digo a los chicos de la Facultad: Biología queda a muy pocas cuadras, vayan para allá y estudien las células, las moléculas. Pero si van a hacer Medicina van a tener que pensar que los procesos de salud/enfermedad que se dan en una sociedad, ámbito y cuerpo, sino integrás estos tres aspectos, estás siendo parcial, estás cometiendo un daño al paciente.
Para Presman, lo suyo no debiera ser novedad. Lo que dice está acompañado por suficiente evidencia que demuestra que “los hábitos, la cultura, el entorno social y los niveles económicos son causales de enfermedad mucho más poderosos que el colesterol, las cifras de tensión, la cifras de glucemia. Un paciente te dice: me quiero morir, y vos seguís medicando por su problema de columna sin saber por qué se quiere morir”.
_ ¿Hay pacientes que te dicen que se quieren morir?
_ Todos los días, es común en el consultorio. La depresión va a ser la enfermedad más prevalente en el año 2050 en los países desarrollados. Preguntá cuánto es el tiempo dedicado a aprender depresión en la currícula médica, y no llega al 10%. Pero de insuficiencia cardíaca todo el mundo sabe. El gran desafío de la medicina hoy es cómo articular el saber científico con el saber de otras ciencias sociales, por ejemplo la psicología, la sociología, la antropología, la política y la economía.
Presman insiste con prácticas que parecieran en desuso. Una consulta de 30 minutos, por caso. Es lo que hace él, “pero el poder de la cultura y de la construcción de hábitos y de los intereses económicos, termina atravesando y borrando eso. Es impensable que hoy, un adolescente no coma en un lugar de comidas rápidas. La publicidad, la imagen, la cultura, generan las enfermedades que después los médicos tratamos de resolver. Pero lo hacemos desde la mirada estrictamente biológica”.
Contalo Presman
De la necesidad de denuncia –porque lo que hace Presman ante la situación de la medicina es denunciar, pese a que él prefiera usar la idea de sensibilizar- comenzaron a llegar sus libros. Letra de médico 1 y 2, y ahora Vivir 100 años, atravesado en forma paralela por la ficción de una familia y el médico que va contando/denunciando/sensibilizando.
En las dos facetas, hay una sola mirada: no se es médico si no se es persona. Muchos de sus pacientes, casi todos, se sienten identificados en las historias que narra. Él no las inventa, las vivió, pero no están todos reflejados: lo que se repiten son las situaciones de no salud. “La fractura de cadera. Cuántos médicos saben cómo se usa el bastón. Ninguno. Pero todos saben dónde se pide la prótesis. Es más fácil tomar la pastilla contra el colesterol a que cambie determinados hábitos alimenticios o que camine 30 minutos diarios. Hacé memoria de cuándo un médico te dijo que la única recomendación universal efectiva para prevenir todas las enfermedades es caminar 30 minutos diarios. Todos te dan algo para bajar de peso, para la presión arterial, la diabetes. El sistema está armado así, si yo atiendo más pacientes más enfermos, voy a ganar más dinero. ¿Por qué me voy a preocupar de que esté sano?”.
_ La salud deja de ser un derecho.
_ La salud no es un derecho sino un objeto de lucro. Nadie quiere hacer clínica médica, tenés que estudiar mucho y ganás poca plata. Todos son oftalmólogos, cirujanos plásticos o cardiovasculares. Pero no hay gente en la prevención.
Cuenta, Presman, cómo en la obra social de la Universidad Nacional de Córdoba se estaba dando un caso particular: de cada 10 nacimientos, uno era parto, 9 eran cesáreas. Y no sólo eso: los hijos e hijas de las parturientas de la obra social nacían, con exclusividad, de lunes a viernes. Algo andaba mal. Se creó una comisión. La decisión fue fácil: paguemos el parto lo mismo que la cesárea. Hoy, la proporción es exactamente al revés. “El formato de la remuneración termina condicionando la práctica médica. Y la cultura. Si vas al cardiólogo con un dolor de pecho, muy probablemente termines con un electro, una cámara gama y tal vez internado en terapia por las dudas. La sociedad médica termina determinando de qué te vas a enfermar. Lo que se ha perdido es el rol del paciente. Hay otros intereses. Pero si le digo a un tipo que camine 30 minutos por día, no me pagan nada. Y si le receto 4 medicamentos, tengo viajes al exterior, tengo remuneración económica”.
_ Es habitual en la relación laboratorio/médico
_ Absolutamente, los laboratorios hoy financian la medicina. Muchos sanatorios de Córdoba sobreviven con la rentabilidad que le da el medicamento. Esto es en todo el mundo.
Es claro: Presman es escéptico sobre el panorama de su profesión. Y entiende que así como alguna vez la condena social cayó sobre la política, la justicia o el periodismo, dice que estamos cerca de un “que se vayan todos los médicos”. Ese malestar que se genera por la consulta exprés y el medicamento para todo “hizo que florecieran la medicina alternativa, las gotitas, el reiki o que la gente se automedique.
“El crecimiento de estos métodos no científicos crece proporcionalmente al decrecimiento de la asistencia al médico”. Por eso insiste en la necesidad no de estar al lado del paciente, sino del lado del paciente. “Eso es medicina. Si en tres minutos le receto un medicamento, no soy médico, soy un intermediario de la venta de productos farmacéuticos”.
El Tano, uno de los personajes longevos de la ficción de Vivir 100 años, se va a dormir la siesta en el día de su cumple 90. Su hijo médico, de 70, buscando algún secreto, lo acompaña hasta el cuarto y lo ve dormir. Y piensa, el hijo, que ese sería un buen final para su padre. Un final sin médicos. Más adelante, el mismo médico, dirá: “Soy un convencido de que si alguien quiere vivir 100 años no debe ir al médico”.
_ ¿Lo escribí yo? Bueno, ta bien…
Lo piensa mientras busco la página exacta.
_ Debería haber dicho no tiene que ir a un mal médico.
Y sigue pensando.
Le completo la idea de lo que dijo. Que los médicos deberían –deberíamos, dijo- aprender de los longevos.
_ Claro, el saber de la longevidad. Cómo vivir 100 años no hay que preguntárselo a los médicos, hay que preguntarles a los que vivieron 100 años. El saber científico ha demostrado que la longevidad depende, el 60%, de las condiciones de vida; el 30% por las enfermedades y el 10% por la genética.
_ Va de la mano con eso que decís de que la función hace a la edad.
_ Dos elementos atraviesan los grupos de más de 100 años. El sentido de la vida, para qué vivir. Y el otro: mantenerse activos, caminar. Las poblaciones longevas tienen en común la actividad física como parte de la vida, la alimentación de frutas y verduras y el sentido de la existencia. Lo genético es una lotería.
_ Describís a tu personaje, El Tano, que tiene 90 años, como alguien delgado y fibroso. ¿Ser flaco es fundamental?
_ No es fundamental pero es interesante. Tengo pacientes de 85, 90, obesos, pero no tengo pacientes de esas edad fumadores. Los pacientes delgados viven más, y si no es más, al menos con mejor calidad de vida. La obesidad es consecuencia del sedentarismo, que es la epidemia más gravosa para la humanidad, porque después se traduce en otras enfermedades.
Cerati, el tío Giusseppe
El Tano, longevo como su hermana Chela, en la ficción marca Presman, tiene otro hermano, que no será tal, pero no importa ahora: el tío Giuseppe, que a diferencia de los otros dos, morirá joven. El asado de la obra, con más grasa que carne, la sal y la coca, nunca un tomate. Tuvo un ACV. Que, para el escritor, de accidente no tuvo nada. La relación es inmediata.
_ Después de lo de Cerati, Pablo Rago en TVR dijo algo así como que Cerati había castigado su cuerpo. Pero en las redes sociales salieron a castigarlo hasta que tuvo que pedir perdón. Con el tío Giuseppe vos dejás entrever que también castigó su cuerpo y se murió a los 65.
_ Tiene razón Pablo Rago. Hay cosas que no queremos escuchar. Todos tenemos nuestras miserias, nuestro lado oscuro, todos. Cerati aparentemente hizo un ACV. A la edad que lo hace, es muy raro. Si el consumiese cocaína, hay muchas más probabilidades que haya una hemorragia cerebral. Con su vértigo de vida los riesgos son mucho mayores. Como el que tuvo Sabina, que reconoció que dejó la cocaína y de fumar. Cada uno talla en su cuerpo los hábitos que ha desarrollado. Nunca hiciste actividad, te gusta determinada alimentación y determinada sustancia, las consecuencias son obvias. Lo que pasa es que en las figuras que uno admira, no se puede ver.
Pero no se trata, explica Presman, de tirar el fardo al que se enferma. “Lo que quisiera es desculpabilizar al paciente. ¿Por qué un tipo roba, se droga, se accidenta a 240 km por hora, come 16 medialunas? Y si voy por la calle y me ponen esos afiches con esa comida o por la tele me decís que para amar tengo que tomar coca cola, hay un punto en donde uno es fruto del entorno. Te juntás con un amigo, ¿te comés una ensalada o te comés un asadazo? ¿Comés con agua mineral? Hoy no te imaginás un escenario social sin ferné con coca. Eso hace que de acá a 20 años, haya más diabéticos. ¿Se lo buscó? La cultura es eso, hay que ver cómo se interviene sobre ella para conservar la salud. Lo de Cerati es fruto de una época, resultante de hábitos y costumbres. Si sos minero y quedás atrapado en una mina, uno no puede culparlo de que se andaba metiendo en los huecos. Lo que hay que hacer es minimizar riesgos”.
_ Precisamente, citás a Sabina cuando canta “si quieres vivir 100 años, no vivas como vivo yo”.
_ Perfecto. La podría haber escrito Cerati también a esa canción. Eligió un estilo de vida que probablemente no le permita vivir 100 años. Es legítimo. La medicina también podría decirlo: nosotros vamos a tratar de que no se muera pera vamos a ganar la mayor cantidad de dinero en su proceso de enfermedad. Bueno, está bien, voy al shopping de la salud y sé que voy a pagar más y voy a tener LCD en la pieza. Están bien, es honesto.
Ya no quedan rastros de la ensalada que acompañó la charla de mediodía. Quedan las últimas ideas de Presman. La búsqueda del imposible equilibrio, ese que no se alcanza. Que cuando se come, vale mucho el qué y también el cómo. Que cuando se toma, mejor no hacerlo solo. Que todos sus pacientes se ven reflejados en sus historias. Que todos creen ser el personaje de ficción. Y tanto no se equivocan. Lo dice el epílogo del último libro y el mismo Presman ahora: Las historias son todas reales. El padre y el hijo que cruzan a nado el San Roque. El premio del pancho y la coca. Que eso lo hace llorar. Que la doble presentación, con sus viejos pacientes cantando para multitudes, dejando en claro para qué vivir, no lo deja de sorprender. Dirá la cifra a la que quiere llegar vivo. Se arrepentirá.
Coincidiremos, una vez más, que lo suyo no es provocar, sino sensibilizar. Que él no es modelo. Que el modelo son los viejos como el Quito Mariani o Víctor Stacizyn. Que él no es más que un médico que escribe. Que si deja de ser médico no va a poder escuchar más historias y que así, no podrá contarlas nunca más.
Eso es lo que le gusta. Ser portador de historias por contar. Pero no por contar nomás.
Días después, vía whatsapp, me mandará la información de que Vivir 100 años es, como sus anteriores libros, el más vendido de la Feria del Libro de este año.
_ Genial –le respondo-. Felicitaciones. Hay que festejar.
_ Sí –devuelve- Asadazo mal!!!..
