Como secretario de Industria, en los años 90, vivió de cerca la puesta en marcha del acuerdo regional. Actualmente señala que el desorden macroeconómico local impide la integración.
P.: ¿Qué pasó en la Argentina?
C.M.: Después de esa época, inicia un ciclo largo de volatilidad económica y una inflación en ascenso, más de 10% anual desde 2010, más de 24% anual desde 2014 y más del 40% anual desde 2018. Todo con crecimiento bajo y volátil y restricciones comerciales, como las DJAI o licencias no automáticas.
P.: Todo eso jugó en contra de la integración.
C.M.: La oferta comercial argentina está congelada en el tiempo. Exportamos a Brasil lo mismo y a los mismos destinos, desde toda la parte sur del país, por la costa, hasta Bahía. Lo lógico es diversificar productos y destinos. Vender al centro y al oeste de Brasil. El Mato Grosso, más Goías, representan 4,5% del PIB brasileño, más que Paraná o Santa Catarina, donde vendemos 1000 millones de dólares por año
P.: ¿Qué hay que hacer para salvar al Mercosur?
C.M.: Para que el esquema de integración original funcione es imprescindible estabilizar la economía argentina, volver a crecer y retomar la coordinación macroeconómica con nuestros socios. Se podría decir que la suerte del Mercosur depende la de la Argentina.
P.: Uruguay y Brasil, amenazan con romper el acuerdo. El argumento es que la Argentina les está frenando su crecimiento
C.M.: Es lógico que amenacen con romper pero sería imprudente perder un activo que se construyó durante treinta años. También es cierto que los socios tienen que ver el momento en que se plantea. Este es muy particular. Estamos en plena pandemia. No creo que nadie patee el tablero.
P.: ¿Qué representa el Mercosur para Argentina?
C.M.: Un tercio de las exportaciones argentinas a Brasil, aproximadamente 3.500 millones de dólares, son productos cuyo arancel externo se ubica entre 10% y 28%. Entre 9% y 16%, se ubican productos que el agronegocio argentino exporta a Brasil, incluyendo trigo (1.300 millones), otros cereales, carnes, papas preparadas y productos de economías regionales como peras, uvas, aceitunas, aceite de oliva. También insumos intermedios de la industria plástica y pasta de madera y bienes finales, como los de aluminio y los insecticidas. Por encima del 16%, se ubican los desodorantes, hilados, preparaciones alimenticias diversas y vinos. También los productos de la industria láctea, y el ajo. En estos dos casos, el arancel elevado permite preservar la participación de mercado de nuestro país ante competidores extrazona. Reducir el arancel externo en esos sectores pude significar para Argentina perder mercados. No ocurre lo mismo en Brasil o Uruguay. El 90% de las expo brasileñas son industriales, relacionadas al complejo automotriz. Este es un sector que tiene un régimen propio, lo que implica un tratamiento por fuera del Mercosur.
P.: La baja de aranceles no es todo problema
C.M.: Allí está el meollo de la discusión por la reducción de aranceles. Si Argentina aceptara la reducción arancelaria es imprescindible negociar compensaciones y asegurar que no haya trabas de tipo para-arancelarias. Por ejemplo, normas y reglamentos sanitarios y fitosanitarios, que agreguen trabas de acceso al mercado de Brasil.
Fuente: Ámbito
