Por Juan Martín Garay (*) –
Mario Poli -Arzobispo de Buenos Aires y Cardenal primado de la Argentina- en el tedeum del 25 de mayo citando al Papa Francisco expresó: “La esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte, para abrirse a los ideales que hacen la vida más bella y digna”.
La actual ausencia de una esperanza ciudadana -y más aún, de quien la represente para el resto- es una señal de fragilidad que nos comienza a aislar y enfrentar (como vemos a diario), debilitando la convivencia y postergando las respuestas a los verdaderos problemas de este tiempo. Atender aquello que realmente le importa a la gente.
Los gestos de grandeza que se necesitan para que podamos cultivar la cultura del diálogo y el encuentro, necesitan de un gran compromiso de la dirigencia en su conjunto ante un contexto adverso de crisis de representatividad política. La construcción de comunidad avanzando en la aceptación del otro, reconociéndonos como personas, creciendo en actitudes de respeto y diálogo, se presenta como un desafío ante la realidad existente.
No hay que temer a dialogar o discutir -aún en las diferencias- pues esto no es debatir (donde alguien debe necesariamente “perder o ganar”), discutir también implica dialogar y la ausencia de diálogo nos hace más frágiles, nos detiene y paraliza, excluye y anula lo diverso, no lo integra. Esto que parece una “verdad de perogrullo”, requiere de la responsabilidad y ejemplaridad de la dirigencia como así también del compromiso de todos para poder construir una nueva esperanza en la que creer y trabajar.
Esperanza palpitante
Superar los desencuentros y fortalecer los lazos de pertenencia solidaria a la comunidad en una dimensión más fraterna, es necesario para avanzar sobre las diferencias y los enfrentamientos estériles. La amistad social es la clave para que seamos fraternales del diálogo y fortalezcamos la vida en democracia con una esperanza palpitante que no deje de lado nuestros sueños, pues son ellos los que nos guiarán a un futuro mejor.
Nos interpela sabiamente el Papa Francisco cuando expresa que “es hora de saber cómo diseñar, en una cultura que privilegie el diálogo como forma de encuentro, la búsqueda de consensos y acuerdos, pero sin separarla de la preocupación por una sociedad justa, memoriosa y sin exclusiones. El autor principal, el sujeto histórico de este proceso, es la gente y su cultura, no es una clase, una fracción, un grupo, una élite. No necesitamos un proyecto de unos pocos para unos pocos, o una minoría ilustrada o testimonial que se apropie de un sentimiento colectivo. Se trata de un acuerdo para vivir juntos, de un pacto social y cultural”.
En el análisis general de que las personas vuelvan a ser la medida de todas las cosas, el contexto de Pandemia no puede ser dejado a un lado para hacer consideraciones, por eso prestemos atención a lo que nos quiere decir el Papa Francisco desde la Carta Encíclica “Fratelli Tutti”: “La reciente pandemia nos permitió rescatar y valorizar a tantos compañeros y compañeras de viaje que, en el miedo, reaccionaron donando la propia vida. Fuimos capaces de reconocer cómo nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes que, sin lugar a dudas, escribieron los acontecimientos decisivos de nuestra historia compartida: médicos, enfermeros y enfermeras, farmacéuticos, empleados de los supermercados, personal de limpieza, cuidadores, transportistas, hombres y mujeres que trabajan para proporcionar servicios esenciales y seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas comprendieron que nadie se salva solo”.
Caminemos en esperanza
En la misma Encíclica, Francisco nos invita a que caminemos en esperanza: “Invito a la esperanza, que nos habla de una realidad que está enraizada en lo profundo del ser humano, independientemente de las circunstancias concretas y los condicionamientos históricos en que vive. Nos habla de una sed, de una aspiración, de un anhelo de plenitud, de vida lograda, de un querer tocar lo grande, lo que llena el corazón y eleva el espíritu hacia cosas grandes, como la verdad, la bondad y la belleza, la justicia y el amor”.
La Patria es un don y la Nación una tarea. La Patria es un don que nos viene dado, nacemos donde y cuando la vida nos alumbra, un regalo en el accidente del nacimiento -nacer sin saber donde uno viene a la vida, sin elección del lugar-, pero la Nación es una tarea de todos y para todos, un construcción colectiva.
Hacer posible el desarrollo de una comunidad capaz de vivir en amistad social verdadera requiere de una revalorización de la política y terminar con las formas nocivas de practicarla que profundizan la crisis de representatividad que tanto daño nos hace. Los caminos de esperanza en la vida en comunidad son necesarios para poder construir ciudadanía con una mejor “herramienta” de transformación social positiva en función de la gente y puesta al servicio del verdadero interés común, el del pueblo.
(*) Secretario de Gobierno de la Municipalidad de Concepción del Uruguay desde el 2019. Presidente de Bloque Concejales del PJ 2017-2019. Presidente Comisión Hacienda y Presupuesto 2015-2019. Decano del Colegio Mayor Universitario de Santa Fe 2003-2004.-