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Buenas perspectivas: El rio Uruguay baja, tanto en puerto Uruguay, como en el norte. El volver a casa.

Si la altura del río sigue siendo alta (7,66 metros, a las 6 de la mañana del viernes 25 de enero), las perspectivas son buenas porque por un lado se preveen lluvias pero no significativas y por otro, las aguas del Uruguay vienen bajando en toda la línea.

Así como hizo falta ayuda para mantener dignamente a los evacuados, en poco tiempo mas hará falta para el operativo de “volver a casa”.  Seguramente –además de las autoridades de todos los niveles- la sociedad uruguayense, tan solidaria y afecta a brindar su apoyo y ayuda en estas circunstancias, volverá a demostrar porque tiene ganado ese prestigio.

Vivir en el albergue: el relato de los vecinos inundados

Concepción del Uruguay continúa jaqueada por la creciente. Debido a esto, más de 130 familias debieron abandonar sus hogares a causa del avance del agua. Los que pudieron se trasladaron a viviendas de algún pariente o allegado, en cambio otras permanecen en los refugios para evacuados que dispone la ciudad.

El Albergue para Deportistas que funciona en el predio deportivo Hugo Mario La Nasa; oficia por estos días como predio para alojar a siete familias procedentes de Cantera 25 y Villa Itapé, dos de los barrios más perjudicados.
Con la intención de conocer de primera mano cómo son estos días alejados de sus hogares; la redacción del diario La Calle llegó hasta la esquina del Boulevard Yrigoyen y Santa María de Oro, para dialogar con los uruguayenses que habitan temporalmente en este centro de evacuados.

La primera en querer relatar la actualidad que les toca atravesar fue Mariana: “Pese a la tristeza que nos embarga al tener que dejar nuestras casas, consuela la idea de que no estamos solas y contamos con un continuo acompañamiento. Recibimos dos veces por día (durante la mañana y la tarde) la visita de los agentes y los profesionales de la salud, quienes nos revisan y llevan un exhaustivo control de nuestro estado.

Mariana también reveló que: “Se suma la asistencia de la Municipalidad, que envía agua mineral y alimentos para que se puedan elaborar los platos del almuerzo y la cena. POr su parte, los más pequeños pasan largas horas jugando y divirtiéndose en una pileta ubicada en el fondo de la construcción”.

Junto a sus tres hijos (de 6, 9 y 13 años), Mariana llegó hace dos semanas desde su Villa Itapé. Su vivienda, situada a la vera de un zanjón, quedó prácticamente bajo el agua. A esta angustiante situación, se le sumó el robo de una cocina, la garrafa y otros elementos. Según su relato: “Unos desconocidos ingresaron a mi casa después de cortar el candado de la entrada, justo en la misma noche en que me había quedado a dormir en la casa de mamá”.
Esa joven madre sabe que será difícil el regreso, debido a que encontrará lo que quede de la estructura de su hogar construido de chapa y madera. Además, deberá afrontar el desafío de comenzar de cero. De ahí que hizo un llamado a quienes puedan tenderle su mano. Las donaciones podrán acercarlas hasta la vivienda de su madre, situada en 25 del Oeste Sur 71.

En el mismo centro para evacuados, se encuentra otra familia de Villa Itapé, constituida por un matrimonio y un hijo. Ellos residen frente al domicilio de Mariana, pero en el otro lado del zanjón. A diferencia de ella, pudieron rescatar elementos de su casa para ponerlos en resguardo y al cuidado de parientes. Están desde hace casi 14 días, pero en todo este tiempo volvieron a su barrio y vieron el faltante de chapas que forman parte de la construcción de la vivienda que debieron abandonar.

Otra familia integrada por un matrimonio y dos hijos, llegó hasta el centro de evacuados con la ropa que pudo traer de su vivienda: “Pensamos que la creciente sería pasajera y que pronto volveríamos. Ésta vez fue la primera que nos inundamos desde que estamos en Villa Itapé y cuando volvamos deberemos desinfectar todo”, anticipó la mujer.

Por otro lado, Carlos Noel arribó junto a su mamá y una sobrina. Llegaron hace una semana desde Cantera 25. Ellos no pensaban salir, pero la realidad pudo más que el deseo, por lo que no hubo otra opción de evacuar: “Pese a todo no bajamos los brazos”, afirmó el joven que trabaja de changarín.

(fuentes: La Calle y propia)

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