El país registra un curioso fenómeno de turismo masivo, recitales llenos, restoranes que deben reservarse y, a la vez, una estampida de precios sin techo. ¿Cuál es la verdadera Argentina? ¿Cómo entender esta aparente contradicción?
Guido Lapa, economista y docente de la UBA, en consulta con Ámbito, plantea que “la economía argentina está generando una polarización cada vez mayor, con una concentración creciente de la riqueza, que se verifica en los datos del INDEC, y comprueba una pérdida de la participación de los trabajadores en el producto nacional”.
“Esa polarización es la que genera que tengamos cerca de un 40% de pobres, que conviva con un nivel de consumo alto, en determinados rubros”, diferencia Lepe.
Sobre ello, estableció que “mientras los pesificados vivimos cada vez más una realidad acuciante, hay sectores que tienen otro poder adquisitivo y para quienes hay grandes oportunidades de consumo. Son los que sienten que la Argentina está regalada, porque la piensan en dólares”.
No obstante, añade que “pensar los recitales llenos y otros lugares, tiene también que ver con que no hay capacidad de ahorro, que no licúe los pesos guardados”, aunque advirtió: “Hay que ver si con la llegada de la recesión, se sostiene esta situación tan llamativa. Mi opinión es que una parte va a tener que ajustarse”.
Por su parte, ante el planteo de Ambito, Artemio López. director de Consultora Equis, señaló que “son dos fenómenos concurrentes, y ninguno de los dos es mentira: hay crisis y hay burbujas de consumo. De todos modos, creo que la tendencia es hacia la baja”.
“Argentina presenta esta paradoja por una estructura distributiva muy inequitativa. Por eso vemos grandes consumos, acompañados de crisis en amplios sectores de la población”, reflexionó López, cercano al pensamiento económico del kirchnerismo.
Sobre ello, abundó que “obviamente la incapacidad de ahorro propende hacia el consumo, dentro de los límites socioeconómicos dados. Claramente esos fenómenos de burbujas existen”.
El sociólogo, de todos modos, le puso límites a este extraño fenómeno, al apuntar que “en julio el salario promedio era de 132.000 pesos, y en ese momento la línea de pobreza era de 90.000. Hoy ya debe estar superando los 125.000 pesos” y recordar que “las restricciones del FMI, que ya todos conocemos, pivotean sobre el consumo de la población”.
El director de Focus Market, Damián Di Pace, también en contacto con Ámbito, hizo foco en otro fenómeno: la ansiedad generada por la post-pandemia.
“En el caso de los recitales, hay un efecto-pandemia fuerte, ya que estuvimos dos años sin ese tipo de eventos, con lo cual hay un efecto acumulación y saturación del encierro, y hay una necesidad de socializar y vivir experiencias, de aprovechar el momento. Creo que por eso hay un efecto social, además del económico”, analizó.
Di Pace añadió el elemento incertidumbre sobre el futuro, como disparador del consumo presente. “Para mucha generación joven, el bienestar no está garantizado, los niveles de ahorro argentino son muy bajos, ya que la pérdida de poder adquisitivo es muy alta. Esto lleva a tener un goce presente en lugar de posponerlo hacia futuro”, refirió.
Sobre los otros ítems llamativos, observó: “En cuanto al movimiento turístico, hay que tener en cuenta que hay un subsidio muy importante (el sistema PreViaje). Y en ese contexto, la microeconomía adelanta gastos, viendo el panorama macro”.
“Esto no es bueno, ya que una sociedad económicamente próspera, pospone consumos presentes para tener mayores niveles de ahorro, de capitalización e inversión, y de generación de empleo”, finalizó, concluyente.
Convivencia de dos realidades. Consumo por imposibilidad de ahorro. Burbuja de recitales y viajes. Los próximos meses dirán si los argentinos hemos tirado, una vez más, la casa por la ventana.
Fuente: Ámbito




