Con humildad y emoción, habló del gesto colectivo que hace posible un libro: los amigos que acompañan, las ilustradoras, las colegas que suman su mirada, sus hijas alentando a animarse y publicar. Y así como Leonor —su personaje— va marcando los senderos del relato, también Betina deja ver lo propio: la ironía fina, el humor que desarma, la ternura que asoma en medio del sarcasmo, y esa mirada lúcida e inquieta sobre la sociedad y el tiempo que habitamos.
Los caminos de Leonor es su debut editorial, pero no su primera escritura. Es, tal vez, el comienzo de una etapa largamente esperada por quienes conocemos su talento y su modo de contar. Un paso natural para una autora que, con la misma serenidad con la que enseña y comunica desde hace décadas, ahora abre un nuevo capítulo: el de compartir su literatura.
Anoche, Betina Scotto no solo presentó un libro. Nos regaló un gesto de coraje, sensibilidad y oficio. Y Concepción del Uruguay ganó una autora que hacía rato merecía tener.