Por Susy Quinteros –
¿Alguna vez nos hemos preguntado de qué manera se alimentaba Einstein? Esta pregunta que puede parecer un tanto extraña o caprichosa, responde a los conceptos de la ciencia moderna, que afirma que no sólo estudiando se logra ser más inteligente. Otra de las claves importantes está en el tipo de alimentación que cada día consumimos. La alimentación actúa sobre el funcionamiento del sistema nervioso. Los estudios de vanguardia realizados en este campo revelan que muchos de los alimentos que diariamente ingerimos influyen de manera significativa en el grado de actividad y energía cerebral, la capacidad de la memoria y concentración y estados sicofísicos como la ansiedad y el estrés. El desayuno es la primera comida del día. Según los especialistas en nutrición, la mayoría de nuestros niños en edad escolar no cumplen con este requisito básico para un buen funcionamiento orgánico. Desayunan de manera insuficiente, apurados, ingiriendo sólo té, café o mate cocido con alguna galletita, ¡y hasta con gaseosas!, No cubren las necesidades nutricionales para encarar las actividades escolares. Esto redunda en detrimento del rendimiento general e implica un esfuerzo no recomendable ya que tanto los músculos como el cerebro no cuentan con los nutrientes esenciales para llevar a cabo un trabajo metabólico extra utilizando la glucosa y la grasa de los depósitos. Un desayuno balanceado deberá contar entre sus principales ingredientes con leche, frutas y cereales, complementados con queso, manteca y mermelada. Es responsabilidad de los padres que sus hijos se levanten con el tiempo suficiente para cumplir con este necesario y buen hábito de un desayuno completo. La alimentación en la edad del crecimiento tiene una importancia que nadie desconoce. Hay que tener en cuenta que el inicio de la escolaridad de los niños coincide con la etapa de su crecimiento: cambio de dientes, inserción en grupos de juegos, independencia familiar, elementos éstos que condicionan la cantidad y calidad de los alimentos. Se definen aquí la salud del presente y del futuro; un niño mal alimentado corre no sólo el riesgo de enfermarse sino el ver afectados definitivamente su tamaño corporal y su nivel intelectual. Un buen desayuno es la salud de mañana.