Por el Licenciado Germán Bercovich –
El 12 de octubre rememora una fecha conocida por todos. Y también sabemos de la cara más cruel que el día refresca: la del tratamiento sufrido, en la Conquista, por los pueblos originarios americanos.
Buena es la oportunidad para dar cuenta de algunos episodios y datos no tan difundidos, y que nos indican que los indios no solamente han padecido tormentos, discriminación, y abusos en aquella situación histórica, sino que este modo de maltratarlos es una línea coherente en lugares y épocas diversas.
“La Población Indígena de América”, de A. Rosenblat, es un libro que analiza el tema y deja algunas líneas que vale la pena mencionar.
En la conquista de Tierra del Fuego, en 1885, un gobernador chileno de Magallanes, mandó a la isla Dawson una misión que sorprendió a los indios alacalufes, exterminó a la mayor parte y llevó el resto a Punta Arenas, donde los vendieron en subasta, como esclavos; un aventurero rumano, Popper, buscador de oro, se dedicaba a cazar indios y hasta se hizo retratar en actitud de cazarlos; hay una versión indica que, en Ushuaia, un capataz pagaba dos libras por cada oreja de indio; a principios de este siglo los colonos blancos, para vengar el robo de ovejas, se dedicaron a una matanza sistemática de indios; ha habido un explorador que ha llegado a matar indios para enriquecer con sus esqueletos los museos de Europa, y una familia ona fue embarcada a la fuerza y llevada a Europa para exhibirla en jardines zoológicos.
El colono blanco no quería vecinos que pudieran robarle las ovejas o discutirle el derecho de primer ocupante de las tierras. Así desapareció casi por completo el indio patagónico.
Un gobernador mejicano de Chihuahua paso a precio las cabezas de los indios salvajes: cien pesos la de hombre, cincuenta la de mujer, veinticinco la de niño. La deshumanización de los indios hizo más fácil el trabajo de aniquilamiento.
Los Conquistadores realizaban descripciones sobre ellos realmente increíbles. Galeano ha recopilado algunas: “Cristóbal Colón vio en las costas de Cuba sirenas con caras de hombre y plumas de gallo, y supo que no lejos de allí los hombres y las mujeres tenían rabos. En la Guayana, según sir Walter Raleigh, había gente con los ojos en los hombros y la boca en el pecho».
En Venezuela, según fray Pedro Simón, había indios de orejas tan grandes que las arrastraban por los suelos. En el río Amazonas, según Cristóbal de Acuña, los nativos tenían los pies al revés, con los talones adelante y los dedos atrás, y según Pedro Martín de Anglería las mujeres se mutilaban un seno para el mejor disparo de sus flechas. Anglería, que escribió la primera historia de América, afirmó también que en el Nuevo Mundo había gente con rabos, como había contado Colón, y sus rabos eran tan largos que sólo podían sentarse en asientos con agujeros”.
El resultado de toda esta historia es, por supuesto, que al día de hoy los indios son cada vez menos indios y cada vez más mestizos. En Estados Unidos, se calculaba en 1910 que la tercera parte de los indios eran mestizos; actualmente sólo el 59 por ciento de los indios son de raza pura, con tendencia a un aumento del mestizaje. En Groenlandia ya casi no quedan esquimales puros.
En Alaska, había, en 1900, unos 2.500 mestizos sobre 29.536 indígenas. En los países hispanoamericanos el proceso es más rápido, y en algunos, como Honduras, El Salvador, Nicaragua y Paraguay, casi toda la población es ya mestiza.
Este recorrido refleja que la Conquista, que estamos recordando, es un eslabón privilegiado de una cadena sangrienta, que a todas luces ha logrado su objetivo.
Un diálogo anticipatorio se dio en 1563, en Chile. El fortín de Arauco estaba sitiado por los indios, sin agua ni comida, pero el capitán Lorenzo Bernal se negó a rendirse.
Desde la empalizada, gritó: “¡Nosotros seremos cada vez más!”.
“¿Con qué mujeres?” –preguntó el jefe indio.
“Con las vuestras. Nosotros les haremos hijos que serán vuestros amos”.
Esta nota fue publicada por revista La Ciudad el 9/10/2017