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El secuestro de Aramburu: tres palabras que se dijeron en nuestra ciudad

Por Alfredo Guillermo Bevacqua  –    

El 29 de Mayo de 1970 se produjo un hecho que sus promotores y autores calificarán como un acto de justicia; para otros un fusilamiento; un crimen, una venganza: el secuestro y muerte del Teniente General Pedro Eugenio Aramburu.

El mismo que mediante un golpe palaciego, destituyó a otro presidente de facto, el General Eduardo Lonardi, para encabezar un gobierno que autodenominaron de la “Revolución Libertadora”, aunque le cae bien, lo de “Revolución Fusiladora”.

Se cumplen cincuenta años (1) de lo que fue la “presentación en sociedad” del grupo Montoneros, meticuloso autor del secuestro y “ajusticiamiento”, según la calificación que dieron al fusilamiento de Aramburu.

Lo recordamos porque en esta ciudad, de la Concepción del Uruguay, “todo es historia”. Y una anécdota, conocida por muy pocos, se desarrolló ese día, en esta ciudad. El protagonista  principal de ese instante fugaz y de escasos testigos, fue también actor primerísimo de esta Historia Argentina que, como dijera un historiador, “es hermosa, pero desgraciada”.

El 29 de Mayo de 1970, a las 8,50 a.m., un “Capitán (Emilio Maza) y un Teniente 1° (Fernando Abal Medina) del Ejército Argentino”, subieron al 8° piso del departamento ubicado en calle Montevideo, entre Santa Fe y Charcas (hoy Marcelo T., pronunciado con voz nasal, frunciendo nariz y labio hacia arriba) y solicitaron hablar con el Gral. Aramburu. Los atendió la señora, Sara Herrera, ( la que dijera durante el brindis luego del juramento de Lonardi: “Mi marido tiene que ser el Presidente”, según lo cuenta María Saénz Quesada, en su libro “La Libertadora”), la que amablemente les sirvió una taza de café, mientras Aramburu, terminaba de vestirse. Los supuestos militares ofrecieron en nombre del Ejército  custodia y le expresaron que tenían orden de llevarlo a una reunión. La señora Sara salió a hacer unas compras. Los jóvenes “oficiales” apuraron el café, se pusieron de pie y le pidieron que los acompañara. En el ascensor esperaba otro integrante del grupo. En las afueras aguardaban quienes brindarían apoyo por si se registraba alguna complicación; formaron parte de la operación  Mario Eduardo Firmenich, Norma Esther Arrostito, Ignacio Vélez, Emilio Maza, Carlos Alberto Maguid, Fernando Abal Medina, Carlos Ramus, Carlos Raúl Capuano Martínez y otras dos personas no identificadas. El número de 10 participantes en la operación fue precisado por Arrostito.

Al portero del edificio solo le llamaron  la atención dos cosas: Aramburu no saludó al pasar, y subió al asiento trasero de un Peugeot 504, en el medio de los “militares”.

Los detalles completos de la Operación Pindapoy (¿?), fueron revelados por Mario Firmenich en la revista La Causa Peronista, en setiembre de 1974; un mes después, Montoneros anunció su paso a la clandestinidad.

Se contó en detalle la planificación, el secuestro, el viaje y el momento de la ejecución. Hubo un cambio de vehículos que ya estaba previsto y el viaje hacia Timote, un pequeño poblado de 500 habitantes, en el partido de Carlos Tejedor, en el oeste de la provincia de Buenos Aires, a 428 km. de la capital federal. Un poco antes del pueblito estaba la estancia “La Celma”, propiedad del padre de Gustavo Ramus.

¿Porqué Aramburu?

En realidad el objetivo inicial era el Almirante Isaac Francisco Rojas que al frente de la flota de la Armada fue decisivo, con su amenaza de bombardear las destilerías de La Plata y continuar luego hasta el Dock Sur; en ese momento, la caída de las tropas rebeldes en Córdoba era inminente. Lonardi estaba cercado. Ante la amenaza, que era absolutamente creíble de concretar por parte de ese personaje a quien Menem como presidente besó (¿?), el General Perón, para evitar una verdadera masacre, renunció. Al hacer el grupo ya mencionado la tarea de  inteligencia sobre el marino, comprobaron que tenía custodio y que era obsesivo en su cuidado.

En cambio vieron que Aramburu, en su domicilio del barrio Recoleta, no tenía custodio y se manejaba con total soltura, aunque no era metódico en sus salidas. Para el grupo, Aramburu también “acumulaba méritos”. Destituyó a Lonardi, primer presidente provisional del gobierno de facto por su “blandura” con el peronismo. Fue quien firmó el 5 de marzo de 1956, el tristemente célebre Decreto 4161 que prohibía expresamente «La utilización de imágenes, símbolos, signos, expresiones significativas, doctrinas, artículos y obras artísticas, (…) que sean (…)representativas del peronismo», e incluía una lista de vocablos proscritos, tales como «peronismo«, «peronista», » justicialismo», «justicialista», «tercera posición«, la Marcha peronista y los discursos del presidente Juan Domingo Perón y de Eva Perón, así como «el nombre propio del presidente depuesto», «o el de sus parientes». Declaraba que estas disposiciones eran de orden público, impidiendo la alegación de derechos adquiridos para resistirla. Se establecía una pena de prisión de treinta días a seis años para los infractores. Adicionalmente las personas culpables debían pagar una multa y quedaban inhabilitadas para desempeñar cargos públicos, sindicales o en partidos políticos. Si se trataba de una empresa comercial, en la primera ocasión era clausurada quince días y si infringía el decreto por segunda vez era clausurada permanentemente. Si se trataba de personas jurídicas (partidos políticos, sindicatos, sociedades comerciales, etc.) se podía imponer también la pena de disolución de la misma. Las sanciones no podían ser de cumplimiento condicional, y tampoco las penas eran excarcelables.”

Bajo su presidencia se registró el levantamiento encabezado por el General Juan José Valle; fueron fusilados sin juicio previo 27 civiles, y entre los militares, el General Valle, los coroneles Cogorno, Ibazeta y los oficiales Cano, Caro y el uruguayense, Teniente 1° de banda Néstor Marcelo Videla.

Pero, además, bajo su presidencia había desaparecido el cadáver de Evita. Por todo eso, “lo juzgaría el tribunal conformado en la Agrupación Montoneros”. (José Pablo Feinmann, en su novela Timote, imagina el diálogo entre Aramburu y Abal Medina, en una página literaria de excepción).

Desde el 29 de junio de 1966, al otro día de derrocar al gobierno constitucional del Dr. Arturo Umberto Illia, ejercía el cargo de Presidente de la Nación, el Teniente General Juan Carlos Onganía, designado por la Junta de Comandantes en Jefe de las Fuerzas  Armadas. Era ensalzado por Bernardo Neustad, desde su revista Extra y su programa en Canal 9, a nivel de estadista; para otros, era un “Franco tardío”.

Pero el gobierno de Onganía había sufrido el Cordobazo un mes atrás, el descontento era generalizado, no solo del pueblo, también había disconformidad en los militares que lo habían ungido. Era un presidente con pretensión de eternidad.  En agosto de 1968 había asumido el cargo de Comandante en Jefe del Ejército, Alejandro Agustín Lanusse. Era experto en fragotes (rebelión o conspiración de militares; dícese que el término surge porque en el domicilio del general Rosendo Fraga, se reunían para conspirar contra gobiernos constitucionales o militares; algo que se daba con inusual frecuencia entre los años 1950 y 1970). Según la escritora María Sáenz Quesada en el libro ya citado, sus camaradas calificaban a Lanusse de “prepotente y bruto”.

Onganía tenía sus días contados. Ya desde los últimos días del año 1965 había sectores que veían a Aramburu como reemplazante y como factor de unidad. Había hecho un viaje a Europa, también  había viajado Frondizi; ambos habrían hecho gestiones, a través de Ricardo Rojo, un allegado a Frondizi, para entrevistarse con el General Perón, pero en carta a su delegado, el Mayor Vicente,  el habitante de Puerta de Hierro le informa que “ya le hice saber lo que pienso sobre esos personajes”. En esferas militares se decía que el nombre de Aramburu, tenía la anuencia del Comandante en Jefe del Ejército. En ese entonces el Comandante en Jefe era “la verdad revelada”.

El 29 de Mayo se celebra el Día del Ejército. A la hora en que “los militares” ingresaron al departamento de calle Montevideo se desarrollaba en Campo de Mayo, una formación especial en la que el Comandante en Jefe se refirió a la fecha. Aramburu no había sido invitado. Terminada la ceremonia los asistentes compartieron un café en el Casino de Oficiales.

Cuando la señora Sara volvió de hacer compras, le extrañó que ni siquiera un mensaje había dejado su esposo. Por ello a las 10,20 llamó al único hijo de la pareja, el Dr. Eugenio Aramburu. Luego se reunieron con el general Labayrú, muy allegado a Aramburu. A partir de ahí comienza la búsqueda y a las 12,45 la Policía Federal pidió la localización de un Peugeot 504.

A esa hora ya el grupo viajaba hacia el oeste de la provincia de Buenos Aires. Cubrieron los 428 km. sin escalas.

Mientras tanto el General Lanusse había viajado por aire hacia Entre Ríos. Inspeccionaría el campo de ejercicios militares de San Joaquín, en las cercanías de nuestra ciudad. Desde el puerto local se trasladaría por agua al campo de maniobras. Arribó ya pasado el mediodía,  en el pequeño salón del blanco yate que tenía asignado el Jefe de la Prefectura de Zona del Bajo Uruguay, Lanusse, su ayudante y oficiales Jefes de Prefectura, degustaban antes de partir unos sandwichs. Cuando se disponía a zarpar la embarcación, desde la puerta de acceso, surge la voz apresurada de un oficial diciendo “Parte para el Teniente General Lanusse”. Todos hacen silencio y observan como el Teniente General despliega el papel, a medida que avanza en su lectura su rostro se torna lívido, y mientras guarda el mensaje exclama, como para sus adentros, “¡Me cagó Onganía!”. Inmediatamente ordenó salir. Dicen, que no pronunció palabra hasta San Joaquín.

El 1° de Junio de 1970 Montoneros dio a conocer un comunicado:

Al Pueblo de la Nación:

La conducción de Montoneros comunica que hoy a las 7.00 horas fue ejecutado Pedro Eugenio Aramburu.

Que Dios Nuestro Señor se apiade de su alma.”

 Fuentes: Infobae (Notas de Juan Bautista Yofre; Eduardo Anguita); María O´Donell, Aramburu; María Saenz Quesada, La Libertadora.

(1) Esta nota fue publicada por la revista La Ciudad el 29/6/2020

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