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Criar a los niños en cuarentena: cómo encontrar un equilibrio

Es necesario bajar la auto exigencia en primer lugar y la exigencia hacia los demás integrantes de la familia, especialmente los niños.

La vida venía por su caminito, “normal”, esperable. El año escolar estaba arrancando; para muchos, el primero dentro de un aula o una sala de jardín. Los horarios de las diversas actividades de adultos y niños empezaban a encastrarse como en un Tetris y se planificaban rutinas y obligaciones que todos necesitábamos atender. Y casi de un día para el otro, todo eso quedó petrificado y todos los planes tuvieron que esperar: nos teníamos que quedar en casa. Una pandemia azotaba al mundo entero y la manera quizá más razonable de prevenir contagios a gran velocidad fue decretando el aislamiento social. ¿Y ahora qué?

Qué difícil parece todo y, sin embargo, acá estamos. Y sabemos que aún falta. Qué difícil encontrar el tan anhelado equilibrio.

¿Y los niños cómo la están pasando? Alguien me decía el otro día que los chicos están felices porque están con los padres todo el día. Puede que sea así, si el clima en casa es más o menos saludable. Adultos estresados, acelerados, impacientes pueden resultar muy agobiantes para los hijos.

¿Cómo los estamos tratando? ¿Qué esperamos de ellos? Preguntarnos estas cosas seguramente nos permita bajar algunas revoluciones, parar y dar de nuevo. No tiene realmente sentido enloquecer por cumplir con las tantísimas tareas que muchos colegios están enviando si para eso vamos a gritar, amenazar y estar a cara de perro la mitad del día. Hacer acuerdos y tratar de llevar un orden ayuda aunque pienso que ser flexibles es clave. No necesitamos convertirnos en los docentes que no somos. Acompañamos como nos sale y hacemos lo mejor que podemos, como todos. Es necesario bajar la auto exigencia en primer lugar y la exigencia hacia los demás integrantes de la familia, especialmente los niños.

Cierto es que hay miles de otras cosas para hacer. Sostener la casa medianamente “vivible” es una tarea que, aunque seamos relajados con la limpieza y el orden, requiere de tiempo y esfuerzo. Los niños pueden involucrarse en actividades domésticas, según la edad: poner ropa en el lavarropas, ayudar a tenderla, lavar frutas y verduras, poner la mesa, estirar las camas… Asignar tareas fomenta la autonomía y el sentido de la responsabilidad. A los chicos les gusta sentirse capaces y tenidos en cuenta.

¿Qué tareas les permitís hacer a tus hijos? Seguramente uno quiera tratar de terminar todo lo antes posible, pero quizá sea buena idea preguntarnos a dónde estamos apurados por llegar. Incluso puede que nos sorprenda lo gratificante que es para ellos y para nosotros haber podido delegar aunque sea una cosita chiquita del quehacer diario.

Las pantallas son otro temón. En lo personal me genera bastante escozor que mis hijos pasen más de un tiempo razonable (¿dos horas al día?) frente a cualquier pantalla (compu, celu, tele o tablet) y por eso tratamos de definir en qué momentos del día se habilitaban. Restringir las pantallas generó protestas y el tan escuchado “me aburro”, pero a la vez propició momentos de juego compartido que de otra forma seguro se perdían. Entiendo que para los niños hoy las pantallas también son parte de su universo social (a quienes tienen hijos en primaria seguro les suenan las reuniones por Zoom, los juegos en red y el chat por TikTok). Y más de una vez las pantallas nos hacen de niñeras por un ratito cuando necesitamos terminar algo que requiere cierto nivel de concentración.

Con los niños pequeños, de entre 3 y 5 años, ayuda anticipar las actividades del día. A ellos les da seguridad saber qué esperar y tener más o menos claro cómo se desarrollará el día puede evitar berrinches o ansiedades. Usar una pizarra o una cartulina y dibujar la secuencia de lo que pensamos hacer cada día en orden cronológico (hora del baño, momentos de juego, videollamadas con los abuelos, tiempo de pantallas y todo lo que conforme la organización diaria) ayuda a los más chiquitos a manejar el tiempo, que es bastante intangible aún para ellos.

Esa anticipación funciona como un “acuerdo” al que podemos volver si ellos se niegan a hacer tal cosa o se ofuscan porque querían hacer tal otra en un momento no era conveniente. Repasar lo que habíamos dibujado es una forma de que ellos dimensionen por qué parte del día van y qué viene después de qué. Y otra vez, permitirnos flexibilizar lo que haga falta (por ejemplo, invertir el orden de dos eventos de la secuencia del día puede descomprimir y evitar una debacle).

Si hablamos de predictibilidad, los bebés son quienes más la necesitan. Mantener el orden de las acciones es una manera de brindarles seguridad, además de anticiparles cada cosa de manera verbal, aún cuando no puedan respondernos. Hablar con los bebés es necesario, siempre. Tratar de ofrecerles todo el aire libre y la luz del día del balcón, patio o terraza es muy positivo para ellos y colabora en la diferenciación del día y la noche. En bebés que ya se desplazan, promover su actividad física también es necesario. Y en todos los casos, estar siempre atentos a las señales tempranas de sueño es importante para que no lleguen al momento de la siesta o la noche extremadamente cansados y que eso complique aún más el momento de descanso.

Y no me olvido que, en el medio de todo esto, además respondemos a las obligaciones del trabajo remunerado. Si aún no te diste cuenta de todo lo que sos capaz de hacer, ¿me querés decir cuándo?

(*) Puericultora y Docente de la Asociación Civil Argentina de Puericultura. Autora de “La Revolución de la Crianza”.

Fuente: Ámbito

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