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Sólo el 5% de las mujeres acceden a jefaturas o cargos jerárquicos

La brecha en el acceso al mercado del trabajo, y la desigual remuneración económica entre varones y mujeres impide todavía romper el «techo de cristal».

El pasado 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, sirvió en todo el mundo para visibilizar las diferentes luchas y demandas de las mujeres y disidencias, y Argentina no fue la excepción. El paro convocado por las trabajadoras y la movilización de mujeres tuvieron como ejes en este 2020 el reclamo por la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo y la denuncia de los distintos tipos de violencias, especialmente los femicidios.

Pero aun en el caso de que las argentinas logren sortear los distintos obstáculos que se les presentan desde el inicio de sus vidas por su condición de mujer, y logren obtener un puesto de trabajo en el sector formal, solo el 4,7% de mujeres que trabajan ocupan cargos de dirección o jefaturas, mientras que en los varones, ese porcentaje es del 8,5%.

Las cifras, que corresponden a la última Encuesta Permanente de Hogares (EPH) y fueron recopiladas por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), arrojan otro dato interesante y es que, hace quince años, esta brecha era la misma.

Según la misma fuente, esta diferencia existe a pesar de que el 60,6% de las mujeres tiene una educación secundaria completa o superior, 5 puntos porcentuales más que los varones. Esta imposibilidad de las mujeres a acceder a los mismos cargos que sus compañeros, pese a tener igual o mayor calificación, es lo que se conoce como “techo de cristal”.

“Los sesgos que dan lugar a los estereotipos nos atraviesan a todos. Como la mayoría de las mujeres profesionales tuve que mostrar más credenciales, títulos, experiencia que mis compañeros varones”, dijo a Ámbito Biz Gabriela Terminielli, única mujer en el directorio del ByMA (Bolsas y Mercados Argentinos), y su CV lo avala. Licenciada en Administración de Empresas y psicóloga, Terminielli dirige además la Consultora Cadec S.A, es miembro consultor de CIPPEC, e integra el consejo técnico de ONU Mujeres Argentina.

“Tuve mucho apoyo familiar pero hice un gran esfuerzo para compatibilizar, fui madre joven y fueron muchos años de llegar de la universidad cuando mi hija estaba por dormir, no poder compartir la comida, fines de semana estudiando y tratando de estar siempre en los momentos importantes del colegio pero con la sensación de que estaba en falta”, explica al tiempo que evidencia que no muchas cosas cambiaron desde aquel escenario: “Hoy mi hija tiene 33 años, es profesional, trabaja, tiene un hijo y lo vive también”.

“Comencé a trabajar en el sector corporativo a principios de los 80 y nunca paré. Viví como todas las mujeres situaciones incómodas que estaban totalmente naturalizadas como los chistes fuera de lugar y el ‘mansplaining’ (situación que tiene lugar cuando un varón interrumpe a una mujer para explicarle algo que esta nunca preguntó). La visibilización de estas situaciones hoy hace que las empresas tomen medidas al respecto y por ende las mujeres sienten más respaldo a la hora de decir lo que les parece inapropiado o injusto. De todas maneras hay mucho aun por hacer, no todas se animan, el temor a que si hablan la situación puede jugarles en contra sigue ocurriendo en muchos casos”, aporta Terminielli.

Su testimonio, que es similar al de muchas mujeres, evidencia que el “techo de cristal”, esta barrera invisible que estanca a la mujer en la estructura laboral, se da producto de la discriminación, y la reproducción de los estereotipos de género de cada labor. Pero además, contribuye a este escenario la desigual distribución de responsabilidades en el trabajo doméstico y de cuidados. Dicho de otro modo: lo que sucede en los hogares condiciona la inserción de las mujeres en el mercado de trabajo.

Es un hecho que la autonomía económica de la mujer está determinada por su participación en el mercado laboral. Por ejemplo, una mujer desempleada que sufre violencia de género por parte de su pareja con la que además convive, muchas veces no se separa de su agresor porque, básicamente, no tiene cómo subsistir. Más allá de los importantes avances, las mujeres participan menos en el mercado laboral privado que los varones. Según las cifras de INDEC, en promedio, la mitad de las mujeres de 14 años y más participa en el mercado laboral, mientras que 7 de cada 10 varones lo hacen. En este marco, de cada 100 mujeres que trabajan, 24 lo hacen en los sectores de salud y educación, y 17 son trabajadoras de casas particulares.

Como mencionamos anteriormente, en nuestro país las mujeres cuentan con mayor nivel educativo que los varones, pero pese a ello, reiteramos, participan en menor medida del mercado laboral, y cuando lo hacen, son más propensas a situaciones de subocupación y desocupación. Entonces, si las mujeres están igual o más formadas académicamente que los varones, ¿por qué no llegan a los mismos cargos? ¿Qué sucede en el medio?

“La economía del cuidado es lo que hace alusión a todas las actividades y trabajos que son necesarios para la supervivencia de cualquier persona. Estamos hablando de la reproducción de nosotros mismos como especie. Para poder comer tenés que haber hecho las compras antes, para poder limpiar tenés que tener los productos necesarios. No siempre es la misma mujer la que lo hace, sino que muchas veces se terceriza en otro, pero esa carga mental sigue recayendo generalmente en las mujeres”, explicó la economista Candelaria Botto en una entrevista que brindó a este medio.

La menor participación de las mujeres en el mercado de trabajo está estrechamente vinculada a las tareas de cuidados y las tareas domésticas al interior del hogar. En este marco, la menor percepción de ingresos laborales restringe la autonomía económica de las mujeres, dado que esto hace que sean las principales candidatas a quedarse en sus hogares cuando la situación económica no permite la contratación de un tercero, que suelen ser, por lo general, también mujeres. Es decir, detrás del 5% de mujeres que acceden a los cargos jerárquicos, hay un ejército de otras mujeres que realizan las tareas de cuidados que las primeras necesitan para poder dedicarse al trabajo, esto es: cuidado de los niños y en algunos casos de adultos mayores, tareas de limpieza del hogar, y tareas de asistente o secretaria.

“Lo que más hace falta en las empresas en la actualidad son políticas para acompañar a las mujeres durante la maternidad y la escolaridad de sus hijos”. Quien habla es María Luisa Macchiavello, directora de la empresa Droguerías del Sud y la única mujer en integrar la mesa directiva de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), en su rol de Protesorera. Para ella, sin embargo, “las cosas han cambiado” respecto a sus inicios en los negocios.

“Tengo dos hijos y cuatro nietos. Siempre he tenido ayuda de su padre en la crianza, pero lo veo en mis propios hijos: los varones hoy están más comprometidos y acompañan más a las mujeres, que cuando yo empecé a trabajar”, explicó a Ámbito Biz. Con una trayectoria de cincuenta años en la empresa, Macchiavello comenzó como “pinche”, y tuvo que hacerse cargo de las riendas de la compañía luego de que falleciera su padre.

“Desde un primer momento hubo mujeres en la empresa, al principio la mayoría estaba condensada en el área administrativa, pero con el correr del tiempo fueron ocupando otros cargos, y puestos importantes, inclusive en el área operativa. Donde en los inicios no había ninguna”, remarcó. La empresaria reconoció que en la actualidad “al ser accionista de la empresa es difícil un maltrato”, pero sin embargo señaló que sufrió “en el pasado algún que otro comentario” discriminatorio.

A veces, las situaciones de maltrato o discriminación hacia las mujeres en el ámbito privado no son tan obvias o evidentes. Marina Bericua, directora de Asuntos Públicos, Externos y Legales de Microsoft Argentina, reconoce haber vivido “episodios de discriminación”, pero no “situaciones obvias y que hubieran ocurrido en un momento en particular”. “Muchas veces las situaciones de discriminación son sutiles y se perpetúan en el tiempo porque son situaciones generadas por personas que en la mayoría de los casos no se dan cuenta de la discriminación que están ejerciendo. En materia de discriminación laboral hacia las mujeres las situaciones más difíciles de cambiar tienen que ver con los sesgos inconscientes”, explica a este medio.

“Cuando pienso en mi carrera y, al haber formado una familia muy linda, me doy cuenta de que lo hice de más grande. Creo que eso se debió claramente a mí idea de que si quería avanzar en mi carrera y dedicarle todo lo necesario para progresar no podía al mismo tiempo tener una familia porque también iba a querer dedicarle tiempo. Esa idea tuvo origen en la concepción social que estaba alimentada por lo que veía en mi trabajo y, al mismo tiempo, por lo que escuchaba de otras mujeres en otros trabajos”, señaló Bericua.

Sin embargo, para esta directora de Microsoft Argentina, esperanza a futuro. “Pienso que por suerte las cosas han cambiado mucho y las mujeres y los hombres más jóvenes ya no están expuestos a esas concepciones. Aunque todavía queda camino por recorrer y no todas las compañías acompañan estos cambios está en nosotros generar esa transformación en los lugares donde las políticas internas no acompañan la evolución que se da en espacios públicos y sociales. A su vez, es importante celebrar y dar visibilidad de los casos de compañías líderes en este sentido”. En este marco, argumentó que la compañía en la que se desempeña implementó políticas en materia de género, tales como el incremento de la licencia de maternidad para madres a 20 semanas mínimas con pago al 100% del salario base y la licencia por paternidad/parental de 6 semanas mínimas con pago al 100% del salario base.

“Adicionalmente, Microsoft asegura el beneficio de licencia para las personas que tengan bajo su cuidado a familiares inmediatos con condiciones de salud seria de 4 semanas mínimas por año pagadas al 100% del salario base”, contó, y agregó que las oficinas de Microsoft Argentina cuentan con un espacio de lactario que ofrece privacidad, comodidad y contención para extracción y conservación de la leche materna.

Según el relevamiento Brechas de Género editado por CAF (Banco de Desarrollo de América Latina, 2019), en la mayoría de las familias latinoamericanas las responsabilidades de cuidado de los niños y las tareas domésticas aún recaen desproporcionadamente sobre las mujeres, reduciendo su disponibilidad de tiempo para trabajar fuera del hogar. El ejemplo utilizado en el documento es Argentina, donde “en el 85% de los hogares más pobres las mujeres son las principales responsables de las tareas del hogar, mientras que solo el 43% de los hombres colaboran en dichos quehaceres”(CAF).

América Latina

Según cifras de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la brecha de género en el ámbito privado en América Latina está todavía lejos de cerrarse. Solo el 2% de las empresas de la región tienen a una mujer en el rol de CEO, y su participación en el mercado laboral es del 52%, mientras que para los varones, es el 80%. En tanto, la diferencia salarial es en torno al 22%.

Según el relevamiento Brechas de Género editado por CAF (Banco de Desarrollo de América Latina, 2019), en promedio en América Latina de cada diez trabajadores de entre 25 y 54 años de edad, solo cuatro son mujeres. Dos factores son identificados para entender esta brecha en la oferta laboral: la situación familiar y la educación. Las mujeres que conviven con sus parejas, por un lado, y las que tienen menor educación formal, por otro, tienen tasas de participación laboral particularmente bajas.

¿Significa esto que las mujeres no trabajan? No, sino que lo hacen en actividades domésticas no retribuidas económicamente en sus hogares, en lugar de tener trabajos remunerados.

A la hora de analizar los rubros en los cuales se desempeñan habitualmente las mujeres, el trabajo arrojó que la mayoría de las latinoamericanas son empleadas en el Comercio (29%), la Educación/Salud (23%) y los Servicios Domésticos (10%). La proporción de estos sectores representa más del 60% del empleo femenino total, número que no ha cambiado sustancialmente, al menos en los últimos 25 años, según la CAF.

Pero, aún de este total de mujeres que trabajan, no todas lo hacen a tiempo completo y, una vez más, son las más desfavorecidas en términos de flexibilidad laboral. Respecto a las horas destinadas al trabajo, las latinoamericanas dedican unas 40 por semana, mientras que los varones, 48. Si bien la muestra indica que el tamaño de esta brecha varía según los países, en todos la diferencia es estadísticamente significativa y, en consecuencia, la proporción de trabajadores a tiempo parcial (menos de 30 horas por semana) es mucho más alta para las mujeres (en promedio, la diferencia es de 16 puntos: el 24% de las trabajadoras tienen empleo a tiempo parcial, mientras que la proporción correspondiente es sólo del 8% para los hombres).

Fuente: Ámbito Financiero