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El 14 de abril se juega la posibilidad de que Uruguay vuelva a ser el eje de la política entrerriana.

Por Rodolfo Oscar Negri    –   

Si uno se restringe a lo que significa al 14 de abril, se juega –allí- solo unas internas políticas, pero en realidad se juega mucho más que eso.

Desde hace más de un siglo Concepción del Uruguay se vió relegada por haber sido el inicio, el origen y el sostén de un ideario nacional: el de federalismo y libertad. Símbolos que se representan en la bandera de Artigas y en la pluma de ñandú, emblema charrúa libertario y que perduraron a través de los años como un signo irrenunciable, pero que –en la realidad- fue derrotado y junto a esa derrota, nuestra ciudad debió pagar el precio de haber tenido la osadía de enfrentar a los grandes poderes. Semejante atrevimiento le costó mucho.

Porque nuestra ciudad pagó el precio (y lo sigue pagando) de haber sido vencida y por años y años no ha podido generar un poder político lo suficientemente fuerte como para poder volver a conducir los destinos provinciales, relegando sus propios anhelos, en pos de los que se le imponían desde los intereses porteños, santafecinos o a los dictámenes que se daban desde Paraná o –ahora- se realizan desde Concordia.

A la mediocridad dirigencial y a la falta de cohesión de su propia población, que fue sistemáticamente fomentada desde los espacios de poderes foráneos y locales, en los últimos veinte años se contrapuso el nacimiento de un nuevo movimiento que encabezó el peronismo con el liderazgo de José Eduardo Lauritto.

Desde las diferentes posiciones en que le tocó estar, pudo construir –con una enorme capacidad de trabajo, gestión, talento y honestidad- en Concepción del Uruguay tantas obras como no se daban –y no creo exagerar al respecto- desde que Urquiza gobernaba estos pagos, a través de eso lograr consensos y aglutinar a toda una población dispersa.

Pero nadie es inocente en este tipo de procesos y esto afecta al poder, un poder, un eje político que hoy está situado en Concordia y desde donde se digita y se maneja todo lo que hace a la política provincial para no perder la supremacía que los dirigentes de esa ciudad supieron construir. Por eso tienen mucho cuidado en no dejar crecer posibilidades de cuestionamiento a su propio dominio. Juegan para eso con la complicidad de operadores de toda la provincia e incluso de la propia histórica ciudad de Concepción del Uruguay.

Lauritto es un riesgo y un peligro. Así se hace política y componendas para que el desarrollo de su movimiento se desarticule, se diluya, se desvanezca.

Por eso, en Concepción del Uruguay, en estas internas, se juega mucho más de lo que parecen representar. Lo que se juega es la posibilidad de generar un eje político que sea capaz de liderar un proyecto político provincial. Por eso Lauritto no se ha mantenido al margen de esta interna y en lugar de utilizar la posibilidad de hacer un apoyo amplio a sectores que fueron o son parte de su administración, se jugó por uno. Se jugó por los que él considera “su equipo, su continuidad” y los que le garantizan –con lealtad y consecuencia- la posibilidad de la construcción de un poder mayor.

Si en la interna, la lista 202 que llevan a la intendencia a Martín Oliva y a Ricardo Vales pierde o gana por muy poco, el proyecto del que hablamos se diluye y se desinfla; por eso las posibilidades del resultado de las elecciones del 14 de abril son tres: o el inicio de un proyecto provincial, o una vuelta a una política mediocre y de bajo vuelo o el ostracismo en que nos sumerge la política nacional.

José Eduardo Lauritto significa hoy la posibilidad que años atrás supieron interpretar los caudillos federales, quienes desde Concepción del Uruguay construyeron no solo un ideario político, sino una proyección nacional para valores que van más allá de un localismo que piensa solo en la ciudad.

Nadie duda que el dirigente uruguayense es sostenido no solo por el peronismo, sino también por una enorme cantidad de copoblanos de otros partidos e ideologías; ellos perciben los beneficios que su gestión ha sabido conseguir para la zona, llevando adelante administraciones y gestiones que buscaron consenso y participación no solo de personas de su partido, sino también contemplando los intereses de otros que no comparten sus ideas políticas. Por eso su alto grado de aceptación.

Pero hay un filtro previo que es la interna. Allí se verá si predomina un ideario de grandeza o el interés personal, egoísta de ambiciones minimalistas. Por eso la elección del 14 de abril no es solo una interna y en ella se juega mucho más para nuestra Concepción del Uruguay que la nominación de un próximo candidato a intendente.

Sepa el pueblo votar.

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