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La uruguayense Victoria Giarizzo en La Nación: «Este es un gobierno que favorece a las grandes empresas»

La economista e investigadora uruguayense de la UBA dice que es un error priorizar lo fiscal y monetario, que hay un plan productivo a medias y que la inflación seguirá alta. 

Con la actual política económica no hay salida posible, porque se ha priorizado lo fiscal y monetario en lugar de impulsar la producción, crear empleo, mejorar el poder adquisitivo de la gente o aumentar las exportaciones. Esta es la visión de la economista e investigadora de la Universidad de Buenos Aires (UBA) Victoria Giarrizzo, quien, además, opina: «Este es un gobierno que favorece a las grandes empresas».

La autora del libro Atrápame si puedes. El secreto de la inflación argentinahabló también, en su charla con LA NACION, sobre este mal endémico del país, cuyo inicio sitúa en 1945. Su visión es que para combatirlo hay que aplicar una receta que incluya mayor regulación a grandes empresas y bancos y dar impulso a la producción y a las exportaciones.

-¿Qué puede cambiar en la economía durante 2019?

-Va a ser un año bien difícil, como 2018. Lo que puede cambiar es que la economía empiece lentamente a recuperarse, con un agro que tendrá mejores precios. Es un año electoral, por lo que uno tiende a pensar que el Gobierno va a aflojar un poco la presión fiscal y va a tratar de inyectar dinero en la calle; pero no está muy claro cómo podrá hacerlo. No se ve una política agresiva para incentivar la exportación y la inversión, mejorar el poder adquisitivo o crear empleo.

-¿Y por el lado del consumo?

-Los salarios van por detrás de la inflación y eso golpea en el consumo. No es que el consumidor no gasta porque tiene miedo: no gasta porque no tiene con qué. Buena parte del consumo actual se financia con desahorro. Por eso, que haya mucha gente de vacaciones o restaurantes y rutas llenas no es sinónimo de que no hay crisis.

-¿Por qué?

-Porque hay una crisis de producción en todos los sentidos, en cantidad, en calidad, en tipo de crecimiento, que es más grave que una crisis a secas. Hay un país que se viene descapitalizando en materia de inversión desde hace muchos años. En estas crisis se da una concentración del capital y las empresas que están en mejor situación, un 25%, acaparan el poco mercado que hay. Y no se trata de decir, como hace el Gobierno, que el que no es competitivo debe desaparecer, porque hoy el Estado no te da nada: ni infraestructura, ni logística, ni seguridad.

-En este contexto, ¿a qué apuesta el Gobierno para salir adelante?

-Creo que el Gobierno tiene un plan productivo a medias. Su prioridad es lo financiero y lo fiscal, porque tiene una visión monetarista y fiscalista de la inflación: cree que si se resuelve el problema fiscal se resuelve la inflación. Esa es una mirada equivocada.

-¿Por qué piensa que esa es una mirada equivocada?

-Porque la pregunta que hay que hacerse es por qué se llega a esa situación de déficit y de tener que emitir para financiar al Tesoro. El Gobierno omite todo el tema productivo y no logra generar condiciones para financiar un sector público grande. Metió a la economía en una terrible recesión, que genera que haya menos recaudación, y salió a buscar financiamiento, con lo que creó una deuda que habrá que pagar. ¿Y cómo vas a pagar si no crecés ni generás dólares? En paralelo, aumentó el empleo público y subió impuestos. Este es un gobierno que favorece a las grandes empresas, consciente o inconscientemente.

-¿Por qué opina eso del Gobierno?

-Porque tiene una visión sesgada de la economía: analiza la pobreza desde las estadísticas y la computadora. No creo que lo hagan por mala gente, sino porque están condicionados por el contexto en el que crecieron; ellos no vienen de las pymes, sino de las grandes empresas. Son un grupo muy cerrado de gente que piensa lo mismo y les falta la otra mirada.

-¿Hay salida?

-Con esta política, no. Porque este año se va a terminar con una deuda cercana a 100% del PBI. Se resuelve el déficit primario, pero no el déficit financiero; con el agregado de que se agravan los problemas productivos. La ventaja cambiaria que se tuvo con la devaluación ya se está por perder. Además, el Gobierno apuesta a que se desacelere la inflación, pero eso va a ser muy difícil, porque la inflación mayorista, la de las empresas, es de 70%, y eso se va a trasladar a precios. Por eso, no creo que 2019 cierre con una inflación menor a 35%.

-¿Por qué es tan difícil dominar la inflación en este país?

-Porque se siguen eligiendo recetas erradas y habría que intentar con algo distinto. Eso debe combinar regulación a las grandes empresas y a los bancos, impulso a la exportación e incentivo al sector productivo. Las grandes empresas y el Estado son los que tienen que empezar a dar el ejemplo y cooperar; las primeras no subiendo los precios cada vez que sube el dólar, y el segundo, cortando gastos innecesarios. Pero, además, hay que educar desde el colegio.

-¿Por qué se tornó crónica la inflación en la Argentina?

-La inflación empezó en 1945, pero los peores años no fueron durante el peronismo, sino en el último gobierno militar, que destruyó el país, se apoderó de los recursos del Estado, desreguló el mercado de capitales y mató al sector productivo. Ahí se inició la emisión y el endeudamiento. Todos los gobiernos posteriores intentaron ponerle un freno a una situación que ya era imparable.

-¿Y en qué fallaron?

-La convertibilidad dio estabilidad, pero dejó una pobreza de 50% y un desempleo de 25% promedio, porque, como ahora, se creyó que todo era solucionar el tema monetario y fiscal, y se dejó de lado el sector productivo. Después, el kirchnerismo tuvo la chance de cambiar la historia, porque ingresaban muchos dólares, pero puso piloto automático. Pensó que esas condiciones iban a ser eternas, pero no hizo nada para cambiar la estructura productiva. Y mientras tanto, la inflación le era funcional, porque la gente que no accedía a la vivienda porque era carísima y no podía ahorrar, consumía. Se generó la ilusión de un boom de consumo, pero era bienestar presente a costa de bienestar futuro. Eso terminó cuando los precios del agro cayeron y ahí nos dimos cuenta de que todo había sido suerte y soja, y de que no habían hecho nada para cambiar el país, sino que se habían dedicado a ganar elecciones.

Minibio

Profesión

Economista

Estudios

Es licenciada en Ciencias Económicas (UBA); además, se doctoró en la UBA

Ocupaciones

Dirige el Centro de Economía Regional y Experimental; es investigadora y docente en la UBA

Por: Carlos Manzoni

Fuente: LA NACION –

 

 

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