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Murió Osvaldo Bayer, el último rebelde

Murió anteayer a mediodía Osvaldo Bayer, conocido y respetado historiador, periodista, guionista de cine y militante anarco-pacifista, cuya investigación “Los vengadores de la Patagonia trágica”, sobre los hechos de 1921, fue llevada al cine por Héctor Olivera con el título “La Patagonia rebelde”. Ambos, director y escritor, aparecen en una escena del film, como dos estancieros celebrando la represión. Por supuesto, ese fue un chiste para los amigos, porque Bayer también tenía un especial sentido del humor. Muestras del mismo aparecen en el excelente documental que le dedicó Eduardo Montes Bradley, “Los cuentos del timonel”. Ahí Bayer describe en forma descostillante las verdaderas razones por las que el general Perón autorizó el estreno de “La Patagonia rebelde”. Apenas muerto el general, la película salió de circulación (aunque nunca fue formalmente prohibida ya que Aries, la productora de Olivera, decidió retirarla de cartel previendo lo que se venía), y Bayer se exilió.

Nacido en Santa Fe en febrero de 1927, criado parcialmente en el sur, estudió historia en la Universidad de Hamburgo, ejerció el periodismo en Esquel y Buenos Aires (también de Esquel fue obligado a irse, ya en 1958), fue secretario general del Sindicato de Prensa, autor de libros como el ya citado y “Los anarquistas expropiadores y otros ensayos”, “Fútbol argentino” (era hincha de Rosario Central), “Exilio”, “Rainer y Minou”, novela, “En camino al paraíso” y “Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia”. Aunque descreía del anarquismo violento, así como descreyó del Che Guevara apenas conocerlo, Bayer supo hacer la biografía de ese famoso anarquista, y algo más: logró que el gobierno nacional le entregara a su viuda, ya viejita, las cartas de amor que Di Giovanni le había escrito antes de ser fusilado.

Doctor honoris causa de siete universidades nacionales, y Premio de Honor de la Sade, Bayer también hizo una notable recopilación del cancionero libertario en Argentina, y defendió la causa de los indios cuando todavía nadie los llamaba “pueblos originarios”. Justamente, otra anécdota de su repertorio fue cuando en 1963 propuso cambiar el nombre de la ciudad de Rauch por el de Arbolito, en memoria del indio aliado de Rosas que asesinó al coronel Federico Rauch. El chiste le valió dos meses de prisión por orden del entonces ministro del interior, general Juan Enrique Rauch, biznieto del mencionado coronel. Desde su muerte, en las redes sociales, se pide que cambien el nombre de la calle Ramón L. Falcón por Osvaldo Bayer.

Por Paraná Sendrós – para Ambito.com

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La Ciudad

Periodista Especializado en Tecnología.

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