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Por el camino de la nostalgia

Susy

 Por: Susy Quinteros —

Todos regresamos  alguna vez  con la nostalgia del pensamiento en busca de la ciudad perdida, aquella ciudad de nuestra infancia y juventud, la que tenía como ahora, el centro de la vida  en la “plaza Ramírez”, tejiendo y destejiendo sucesos importantes, llenos sus canteros de matas de pensamientos y  rosales, con glorietas y menos iluminación. Aquella ciudad con veredas de niños jugando con cuerdas saltarinas, con abuelos buscando la tibieza del sol y puertas abiertas a todos los vecinos. La del puerto que vivía a través de los grandes barcos de ultramar, de los trenes de voz gruesa, el trajín de la Aduana y los galpones poblados de cereales.  Aquella que era la reina de ese mapa fluvial que lleva al norte, la noctámbula alegre, la de entera libertad que descubrió un día los extensos arenales del Pelay y la exótica belleza de Cambacuá.  La de sencilla vida de familia con almuerzos de domingo en la que todos, los jóvenes y los mayores, compartíamos el ritual heredado.
Somos otros, nosotros y ella. Es el tiempo de los cambios, de adaptarnos a esa furiosa oleada de la comunicación que se apoderó de celulares y computadoras y de jóvenes que alargan el tiempo en los cordones de las veredas con esa languidez que los caracteriza. Un tiempo de casas parapetadas detrás de las rejas, con ventanas y balcones cerrados, con puertas de doble cerradura que esconden el temor en las alarmas. Un tiempo de turistas que todavía no nos entienden, de una historia que permanece en los libros y de un futuro que nos despista con su urgencia. Pero habrá que vivirla hoy para mañana. Buscarle un destino futuro que la quiere viva y palpitante, activa y floreciente. Debemos acomodarla en otro mapa, que quizás no sea aquel mapa de agua con siestas de silencio en  islas virginales, pero será un mapa de realidades compartidas. Todos juntos, la juventud estudiosa que hoy la habita, los hombres que rigen su destino, los comerciantes y los empresarios, los artistas y los profesionales, los padres y las madres, los medios de comunicación y los campesinos, tenemos que recoger aquella herencia magnífica y enaltecerla, como siempre ha sido y seguirá siendo, aunque el tiempo le haya cambiado la cara.

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