Por Gustavo Sirota. –
Los jóvenes sienten que algo va mal, muy mal. Son el grupo etario que más padece el actual estado de cosas: falta de trabajo, de vivienda, de acceso a la educación y de oportunidades. Excluidos y precarizados, son caldo de cultivo propicio para proyectos mesiánicos y autoritarios. Explosiva combinación de desilusión, incertidumbre y convulsión social. La novedad es que han empezado a manifestar ese malestar.
“1968 fue un año axial: protestas, tumultos y motines en Praga, Chicago, París, Tokio, Belgrado, Roma, México, Santiago… De la misma manera que las epidemias medievales no respetaban las fronteras religiosas ni las jerarquías sociales, la rebelión juvenil anuló las clasificaciones ideológicas”. El párrafo pertenece a Octavio Paz y fue escrito en 1970, pero parece hecho para explicar parte del presente.
“Barricadas de cubos de basura frente a los colegios parisinos, tiendas de campaña en la Puerta del Sol, escaparates rotos en Lieja, escuelas ocupadas en Turín, mochilas en protesta contra el servicio militar en Berlín: la juventud europea está en las calles… cada país tiene sus propios motivos, pero un mismo grito cruza las fronteras: Juventud sacrificada, futuro condenado”. Así describe Luisa Corradini en “La Nación” del 17 de octubre el “otoño rebelde” que vive Europa.
Las imágenes parecen calcadas: puede ser Nueva Delhi, Santiago, Tirana o Bankgok. Los protagonistas sonjóvenes que encuentran cada vez mayores trabas para acceder a educación de calidad o trabajos bien remunerados. Empujados al abismo de la pobreza y la precarización, salen a expresar su frustración ante un futuro que las elites capitalistas les arrebatan.
En mi columna “One Piece. La Generación Z sale a las calles” de agosto de 2025 enumeraba las multitudinarias protestas en lugares tan distantes como Indonesia oMarruecos “con
Argentina no es ajena a estas movilizaciones. La oposición a la extranjerización de tierras bajo la consigna “la patria no se vende”; las multitudinarias convocatorias en “defensa de la universidad”, o las que sostienen el colectivo de discapacidad o los jubilados y pensionados cada semana. En todos los casos el denominador común son las políticas del gobierno libertario – protofascista – de @JMilei.
Los protagonistas en cada caso son – no es excluyente – mayoritariamente “jóvenes, que
Daniel Zovatto, políticologo y analista, lo explica con crudeza: “el ascensor social se ha detenido. Las promesas de progreso y meritocracia se desvanecieron”, y los jóvenes en cambio, solo encuentran desesperanza y frustración. En todos los casos tienen como denominador común la ruptura de un contrato social que ya no existe, que dejó de funcionar.
Víctimas involuntarias del “capitalismo de aplicaciones” – “tecnofeudalis
Los jóvenes son el grupo más vulnerado por este capitalismo brutal, voraz e inhumano. La Organización Internacional del Trabajo en su informe “Tendencias Mundiales del Empleo Juvenil” advierte que “el número de jóvenes de 15 a 24 años que no tienen empleo, educación o formación – “ninis” o “neet” – alcanza a uno de cada cinco jóvenes, de los cuales “dos de cada tres de estos “ninis” eran mujeres”, dando cuenta de una profunda brecha de género.
Agobiados por un sistema que los obliga al éxito, persiguen la búsqueda desenfrenada de logros bajo la presión del rendimiento y la autoexigencia, en la cual “el individuo se convierte en su propio opresor” como explica Byung-Chul Han. Aliena
Chistrian Dürr en un artículo “Payasos del horror” desmenuza “la nueva extrema derecha que ya está en el poder”. Explica que “la profundización, la radicalización del capitalismo: la mercantilización total y forzada de la comunidad y la construcción de una sociedad “meritocrática”, elitista y autoritaria, que promete la posibilidad de ascenso social para todos, sabiendo que solo unos pocos podrán alcanzarlo y que los mejores puestos ya están tomados”, configura, para elacadémico austríaco un “panorama tenebroso a futuro”.
Rehenes involuntarios de un sistema que genera “incertidumbre existencial en jóvenes que no saben si tendrán acceso a futuro alguno”, como describe en su recomendable nota Eduardo Chavez Molina en “Revista Anfibia” sobre los sucesos europeos de este “otoño rebelde”, la “generación Z” vive en un estado de angustia permanente, de incertidumbre y alienación.
No hay duda que “el capitalismo – sentencia Dürr –
En tanto los jóvenes salen a reclamar su lugar bajo el sol. La promesa simbólica que daba sentido al esfuerzo ya no existe, se ha esfumado en la voracidad ilimitada de un capitalismo para pocos. El panorama es incierto y desesperanzador. Lo que está en juego es el futuro.
Indignados. Enojados. Desesperados. Los jóvenes ganan las calles haciendo suyo el “hagan lio” del papa Francisco. Parafraseando al Manifiesto Comunista “no tienen nada que perder”. Tienen, si es que lo hay, un mundo nuevo por ganar”.