En diálogo con Radio 750, el filósofo presentó “Entre dos siglos: Cartografía de un tiempo de crisis” y reflexionó sobre la actualidad.
El filósofo y pensador nacional Ricardo Forster presentó su nuevo libro Entre dos siglos: Cartografía de un tiempo de crisis el cual describió como un texto en el que intenta “cruzar varias cosas”. “Por un lado, las relaciones, los vínculos, las semejanzas y las diferencias entre el siglo XX y el siglo XXI. ¿Qué del siglo XX persiste en el siglo XXI? ¿Cuáles son en algún punto las diferencias, las novedades?”, señaló en diálogo con Radio 750.
En el marco de la entrevista, el pensador volvió a una de sus clásicas definiciones: la “generación anfibia”, las cuales son aquellas personas que “nacieron entre la década del 40 y la década del 50, principios del 60” y atravesaron su juventud entre los años 60 y 70.
“Vivieron en una época de transformaciones radicales, de sueños utópicos, de revoluciones y de fracasos y que después atravesaron otro tiempo del mundo, la hegemonía neoliberal, el giro hacia este capitalismo de redes, los nuevos CEO ultramillonarios, las nuevas tecnologías como la inteligencia artificial”, explicó.
En ese marco, sostuvo que “perdemos la perspectiva del futuro, porque el futuro se ha convertido más que en un sueño utópico, en un sueño distópico”.
EN tanto, Forster contó que dedicó un capítulo de su libro a “las transformaciones de la subjetividad, al impacto de las nuevas tecnologías” en “la construcción reflexiva, la capacidad de imaginar, la capacidad de pensar críticamente”, así como en “el desvanecimiento de la memoria”.
“La memoria, que no es cualquier cosa, sino que hay que ejercitarla, hay que cultivarla, hay que educarla, hay que cuidarla, se va vaciando”, reflexionó.
El autor también advirtió sobre “una suerte de vacío entre las generaciones muy profundo que merece ser discutido, merece ser pensado”.
Al referirse a la conversación pública en la Argentina, señaló “una destrucción sistemática de esa conversación a partir de un lenguaje que es un lenguaje del insulto, que es un lenguaje de la descalificación, que es un lenguaje de la violencia”.
Según su pensamiento, “es la tecnología la que hace experiencia por nosotros, la que habla por nosotros, la que nos responde absolutamente a cualquier pregunta”.
La crisis de las democracias y el avance de las extremas derechas
“Hoy estamos viviendo una profunda crisis de la democracia, de las formas de representación democrática, de las formas de participación y de las formas de ejercicio del gobierno que se dicen democráticas”, afirmó Forster.
“Vemos al Fondo Monetario, al Banco Mundial, al Banco Europeo como las grandes instituciones que definen las políticas económicas de cada uno de sus países”, agregó.
Para el filósofo “es inconcebible este nivel de desigualdad” y “son muy pocos los que determinan absolutamente el destino de las mayorías”.
Además realizó una comparación entre la actualidad y la década de 1930, marcada por “el fascismo, el nacional socialismo, la que lleva hacia la Segunda Guerra Mundial, la década de los autoritarismos y los totalitarismos”.
“Estamos viendo, sin cierto asombro, que crecen las extremas derechas”, señaló aunque dijo que este crecimiento “probablemente también encuentre su propia crisis, sus propias limitaciones”.
Milei, la resistencia social y la vigencia del 17 de octubre
Por último Forster contó que durante un viaje al exterior recibió preguntas sobre Javier Milei: “¿Cómo es posible que la Argentina, un país que tenía una tradición política, cultural, tenga una aberración gobernándola de ese modo?”, relató.
También se preguntó cómo una parte significativa de la sociedad pudo votar a alguien que “venía con la motosierra, que venía a romper todo”.
Según su crítica mirada del presente Gobienro nacional, “lo único que tiene para ofrecer es destrucción económica, represión, destrucción de la vida cultural”.
En el marco del Día de la Lealtad, Forster recordó que el 17 de octubre de 1945 fue una fecha histórica porque “se constituyó de una forma clara y potente un sujeto social con conciencia de su lugar en la historia”.
Aunque reconoció que “las transformaciones socioeconómicas, tecnológicas, han hecho mutar lo que antes eran identidades de clase mucho más claras. Esa memoria histórica no puede ser la memoria del museo, tiene que ser la memoria de la actualización”, afirmó.
“A todas esas palabras hay que darles el contenido de lo que la época está reclamando y sobre todo cómo generar que haya vínculos entre ese pasado y este presente”, cerró.
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