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El FMI llega a Buenos Aires: revisará reservas, déficit cero y Preupuesto

La misión técnica inicia la tercera revisión del acuerdo del 21 de septiembre. Evaluará las metas de junio, con las reservas brutas debajo de USD 50.000 millones

Una misión técnica del Fondo Monetario Internacional (FMI) aterriza en Buenos Aires durante la semana del 21 de septiembre para iniciar la tercera revisión del acuerdo que firmó con el Gobierno. Los técnicos auditarán los criterios cuantitativos de desempeño al cierre de junio de 2026 -reservas y resultado fiscal en primer lugar- y llegarán apenas seis días después de que el Ejecutivo girara al Congreso el Presupuesto 2027.

La agenda de la misión excede el control de metas: el organismo pondrá sobre la mesa la acumulación de divisas, el riesgo de financiamiento, la sostenibilidad del ancla fiscal y la morosidad de los hogares.

El cronograma no sorprende. El último Staff Report fijó esta evaluación para septiembre y al vocera del organismo de crédito, Julie Kozack, la ratificó en su conferencia de prensa de la semana pasada, donde enumeró cuatro prioridades para Argentina: acumular reservas, reducir riesgos de financiamiento, preservar el equilibrio de las cuentas públicas y robistecer el marco de política económica para absorber shocks externos.

Reservas: el número que abre la discusión

El stock de divisas encabeza la lista. El 15 de septiembre las reservas brutas del BCRA cayeron USD 458 millones en una sola jornada y quedaron en USD 49.953 millones, otra vez por debajo del umbral de los USD 50.000 millones.

Kozack ya había marcado el 10 de septiembre que reconstruir los «buffers» externos sigue siendo una prioridad. La revisión, sin embargo, mide el desempeño al 30 de junio. Lo que los técnicos buscarán definir es si el ritmo de compras del Central alcanza para cumplir el sendero pactado y si ese ceder encaja con la estrategia de financiamiento que diseñó el equipo económico para los próximos meses.

El Presupuesto 2027, bajo la lupa fiscal

El segundo eje es el resultado de las cuentas públicas. El Fondo reconoció en su última evaluación que Argentina encadenó dos años consecutivos de superávit primario, una marca que el país no registraba desde hacía 15 años.

El proyecto que el Ministerio de Economía publicó el 15 de septiembre prolonga esa apuesta: proyecta equilibrio fiscal, un crecimiento del 4%, una inflación del 18% anual y un dólar oficial en torno a los $1.848 para diciembre de 2027. 

Los técnicos leerán esas planillas como un test de resistencia política, teniendo en cuenta que el año que viene hay elecciones presidenciales. La titular del FMI, Kristalina Georgieva, lo anticipó tras su paso por Buenos Aires: reclamó reglas e instituciones que blinden lo conseguido y conviertan la disciplina en una política de Estado.

Inflación en 1,7%, con el foco puesto en el Central

La misión encontrará precios más calmos que en las revisiones previas. El IPC de agosto trepó 1,7% mensual, según el Indec, aunque el Fondo ubica la variación interanual en torno del 30%.

El organismo quiere garantías de que la desinflación no se pague con nuevos desequilibrios externos o financieros. Ahí engancha uno de los compromisos estructurales del programa: reforzar la autonomía institucional del Banco Central. Georgieva vinculó en julio una autoridad monetaria más sólida con una baja de precios duradera.

Una recuperación de tres sectores

La actividad ganó protagonismo en la conversación. El FMI admitió que energía, minería y agro traccionan el repunte y pidió ensanchar esa base. En julio, la industria y la construcción volvieron a retroceder, un dato que los periodistas le plantearon a Kozack en la última conferencia.

La vocera evitó extraer conclusiones de un solo mes, pero ubicó la ampliación de los beneficios del crecimiento entre los desafíos centrales. Para destrabarla, el organismo insiste con tres frentes: los cuellos de botella de infraestructura, la previsibilidad tributaria y regulatoria, y la profundización del crédito. Es la misma hoja de ruta que la directora gerente dejó planteada a fines de julio.

Morosidad familiar: alerta encendida, riesgo acotado

Un capítulo nuevo escaló posiciones en las últimas semanas. Kozack confirmó que el Fondo monitorea el deterioro en los pagos de los hogares, aunque descartó un riesgo sistémico: el endeudamiento de las familias argentinas ronda el 8% del PBI, un piso bajo frente al resto de América Latina, y los bancos operan capitalizados, líquidos y con previsiones que cubren más del 85% de la cartera irregular.

El dilema que plantea el organismo apunta a otra dirección. El sistema bancario argentino sigue siendo chico y necesita canalizar más ahorro hacia la inversión, con instrumentos de financiamiento a mayor plazo.

Ese es el terreno donde se jugará la «segunda etapa» que Georgieva delineó tras recorrer Vaca Muerta y reunirse con empresarios, sindicalistas y estudiantes. En su balance, la titular del FMI enumeró los logros -inflación en baja, superávits, recomposición de reservas, mejores condiciones financieras- y movió la vara: el éxito, escribió, se medirá cuando invierta más capital, las pymes se expandan, crezca el empleo de calidad y suban los salarios.

(fuente: https://www.baenegocios.com/)