Por Alfredo Guillermo Bevacqua –
“Hacia el rumbo infinito de los ciclos” es el título de una de las poesías hermosas y propias de un estilo poetíco entrerriano ( “…y cauto/ el rumor acompasado del monte/ forjando la hora, sin pausas de la dicha…”); hacia ese “rumbo infinito” partió su autor. Héctor César Izaguirre, “el flaco”, o “el profe”, fue además de esas personas queribles, un gran docente. Formó parte de una pléyade de educadores que acrecentaron el prestigio y el aura de un pueblo que hoy subraya su histórico y vibrante pasado, con un subtítulo que la distingue entre sus pares “Ciudad del conocimiento”.
Fue profesor de Literatura, investigador y por si fuera poco, un exquisito poeta; dos veces ganó el máximo premio que otorga la cultura entrerriana, el Fray Mocho. Pero esa distinción no cambio su estilo, su vida de observador silencioso y atento, para escribir versos y prosas, que “merecieron el honor de la tipografía”.
Tuvo el honor de ser partícipe de un tiempo lujoso de la educación uruguayense; en la vuelta del Profesorado de la Escuela Normal, compartió el aroma de sus patios, con docentes de la dimensión de Oscar Urquiza Almandoz, Manuel Macchi, Roberto Parodi, Darío Peretti, Celia Vernaz, Alicia Angió, Amalia Aguiilar Bidart, Alerto Jaime Masramón, miss Laharna, nombramos algunos y nos olvidamos de muchos porque la memoria en ocho décadas es traicionera dejando en el olvido seguramente a otros de igual dimensión.
Partió el jueves 11 de junio un uruguayense por adopción, pero que dio forma, con los antes nombrados, a un espejo donde pudo mirarse con orgullo Concepción del Uruguay. El próximo 16 de julio cumpliría 90 años. Pero antes de ayer, murió.-