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Breves cuentos peregrinos de Susy Quinteros: Embrollos de amor

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Le di un beso despedidor y cerré la puerta.

Por mi ánimo rodaban sus lágrimas.

Adela era rica y fea. A los 52 años seguía virgen, mujer de iglesia y sin familia. Daba clases de filosofía en nuestro colegio.

En una reunión en casa de una compañera conoció a un abogado correntino, un mundano irreverente quepor trabajo iba y venía desde su provincia a Buenos Aires. Adela se enamoró y se obsesionó con el¿cómo no hacerlo?.  Por primera vez un hombre la invitaba a cenar, tomar un café, sentir como mujer.

El galán desfloró a un mascarón de proa que yacía en una playa santificada por rezos familiares.

Al sentir esa adoración inmerecida comenzó a desaparecer.

Adela nos llamaba para compartir su desesperación. Los llamados no llegaban, las visitas cesaron y el último (por lo menos el seductor tuvo un gesto digno), fue para decirle que ya no seguiría con la relación por motivos ajenos a su voluntad.

La abandonada fue entonces lágrima caminante, disgrego de cuerpo y necesario hablar de un dolor que a todas nos avasallaba.

Entre sus frases luctuosas había una que, entre sollozo y sollozo repetía y repetía como una letanía sin destino.: – ¡y pensar que le regalé un Citizenautomático, una camisa de seda inglesa y un anillo de oro con una piedra de ónix negra.

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