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El accionar de las mujeres en el ejército sanmartiniano escondido tras la opacidad historiográfica

Prof. Aída Marisa Toscani   –

Al adentrarnos en los relatos de la historia tradicional, generalmente nos invaden las imágenes de grandes héroes o de infames personajes que conforman el hegemónico universo de los varones. ¿Pero dónde están los grandes conjuntos de pueblos constituidos por hombres y mujeres? ¿Cómo entender las movilizaciones revolucionarias, las guerras y los amplios movimientos populares al quedar opacados tras las grandes figuras?

En el siglo XX, las Ciencias Sociales comenzaron a tensionar y a discutir esos lugares prevalentes de las grandes figuras masculinas. Los escenarios de la Historia empezaron a poblarse de trabajadores, de sectores subalternos, y los acontecimientos cobraron nuevos sentidos. Sin embargo, a pesar de los cambios y de la introducción de nuevas perspectivas de análisis, las mujeres tardaron en aparecer, ya que los relatos históricos estaban atravesados por la hegemonía ejercida por los varones.

Recién en las últimas décadas del siglo XX se registraron valiosas investigaciones, escritas mayoritariamente por mujeres, que dieron cuenta de las estrategias y prácticas femeninas que las posicionaron como sujetos de la Historia. La nueva perspectiva de análisis, inaugurada por la Historia de las Mujeres, estuvo conformada por un universo casi exclusivamente femenino responsable de romper la opacidad mezquina tras la cual se escondían los duros trajines de las mujeres. Pero, a pesar de esos cambios, se mantuvieron resistencias a promover con respeto todas las experiencias que implicaran la defensa del territorio nacional con participación de amplias mayorías.

Con todas las herramientas señaladas buscamos interpretar acontecimientos definitorios en la Historia Argentina y Americana, como fue la organización del Ejército de los Andes por parte del general San Martín. En esta gesta participó un amplio y heterogéneo colectivo conformado por hombres y mujeres que constituían, en su mayoría, los grupos subalternos de la sociedad, el bajo pueblo, como los define el historiador Gabriel Di Meglio.

¿Cómo entender la rápida adhesión al proceso revolucionario de estos sectores populares? Pablo Camogli, historiador de la Universidad Nacional de Cuyo, justifica esa respuesta entendiendo que las ideas revolucionarias tuvieron dos vertientes: por un lado, las ideas liberales de tipo moderno que surgen en Europa y llegan a América a través de las élites dirigentes, quienes tenían el monopolio de la lectoescritura; y, por otro, toda una tradición revolucionaria y guerrera en vastos sectores de la población en tiempos coloniales, fundamentalmente impulsada por los pueblos originarios, con antecedentes revolucionarios muchos años antes de la crisis monárquica. Desde esta perspectiva es posible dar sentido al accionar de los pueblos originarios del mundo andino, de los esclavos, de los criollos y de los campesinos que adhirieron de manera fervorosa a la Revolución.

Para el autor, personajes como San Martín, Castelli, Artigas o Güemes, que si bien eran miembros de la élite, pudieron establecer una especie de vínculo entre esas dos tensiones revolucionarias —una más nativa y otra más moderna y europea—, que confluyen en quienes llevaron adelante los procesos de transformación más importantes en el marco de la revolución, porque lograron enancarla con experiencias de lucha muy anteriores a la caída del rey de España.

La historiadora Beatriz Bragoni afirma que el proceso independentista trastocó la vida cotidiana de las familias, tanto de las élites como de los sectores populares. Consecuentemente, se produjeron profundos cambios a raíz de la politización y la movilización social. Y las mujeres de todos los sectores sociales tuvieron activa participación en ese proceso, impulsadas por la atmósfera revolucionaria que prevalecía en el seno de las familias, en las plazas, en el mercado, en la calle y en los campos de batalla.

La organización del Ejército de los Andes constituye un ejemplo de esas experiencias convocantes de amplias mayorías que interpretaron que, a través del accionar de esa fuerza revolucionaria, se podrían sustanciar sus más altos anhelos de libertad en sus más variados significados. La gran sabiduría de San Martín, su arma más valiosa, aplicada a la organización del Ejército de Los Andes, fue convocar a una amplia mayoría del pueblo tras una causa muy sentida por esos sectores: la independencia de España y la conquista de su libertad. Su mirada de respeto hacia la gente empujó a cada uno a ofrecer los saberes más valiosos que poseía.

El resultado fue la organización del “mejor ejército que se haya creado en América”, como declara el general Perón en su libro Apuntes de Historia Militar. Más adelante señala que ese ejército fue una de las primeras expresiones de unidad y organización, ya que fue financiado y apoyado por múltiples sectores de Cuyo y de otras provincias, donde estaban incluidas mujeres y varones, campesinos, comerciantes, agricultores, artesanos y todos aquellos que abrazaran la defensa de un territorio liberado de la dominación del absolutismo español.

El Ejército de los Andes no fue solo una fuerza militar, sino una empresa nacional de profundo contenido moral y patriótico. Constituyó una guerra popular y continental, porque las Provincias Unidas del Río de la Plata no hubiesen podido sostenerse sin haber vencido a los realistas en su bastión principal, el virreinato del Perú. La estrategia sanmartiniana anticipa la noción de guerra revolucionaria continental, donde la lucha no se da entre ejércitos regulares sino que se moviliza todo el pueblo.

Para alcanzar estos objetivos, San Martín entendió que era fundamental realizar todo lo planificado desde el espacio del Estado. En consecuencia, al planificar cómo enfrentar a los realistas en Chile, el primer paso consistió en solicitar se le conceda el cargo de gobernador de Cuyo, integrada por las provincias de Mendoza, San Juan y San Luis, con una población aproximada de 35.000 habitantes. Su economía se basaba en la producción de vinos, licores, aguardiente y frutas secas, y en un activo comercio con Chile que se vio interrumpido cuando los realistas recuperaron el poder tras derrotar a las fuerzas revolucionarias en 1814.

San Martín se abocó a promover el crecimiento de esa economía y estableció acuerdos, en especial con Buenos Aires, para ubicar en ese mercado la producción regional, logrando así la expansión económica que posibilitó la organización de un ejército capaz de derrotar a las fuerzas realistas. En su convocatoria a la población cuyana, justipreció y puso en valor los saberes y características culturales previos tanto de varones como de mujeres. Se buscó resolver las necesidades del equipamiento del ejército con los recursos humanos y materiales provistos por la región cuyana y por otras provincias, evitando recurrir a la importación salvo en casos extremos.

Es preciso diferenciar las decisiones de San Martín, que impulsaron el crecimiento regional al utilizar recursos propios y organizar la provisión de uniformes y armamento del ejército desde el Estado, en contraposición a la logística posterior del Estado de Buenos Aires, que convocó a empresarios y recurrió a uniformes en parte importados desde París o Inglaterra y a telas extranjeras para las costureras locales (Mitidieri, 2025: pp. 41-45).

Trabajo presentado en las Jornadas organizadas en Pergamino por la Asociación Cultural Sanmartiniana de Rancagua (Partido de Pergamino), junio 2025.

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