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Argentina nunca fue potencia mundial

Por Ángel J. Harman  –

 En los últimos tiempos, algunos dirigentes políticos han manifestado que en 1910-1920, Argentina era una potencia mundial. Esta afirmación, carente de conocimientos y de sustento documental, ha sido repetida por los seguidores de tales dirigentes; por lo tanto, me parece que es necesario poner las cosas en su lugar para que en algún momento se desmantele el desatino.

Después de 1908 la Argentina era un país estático desde el punto de vista de su organización económica. La zona pampeana había llegado a un límite en cuanto a sus posibilidades de expandir la producción incrementando el área bajo explotación. La Primera Guerra Mundial significó un primer toque de alerta en cuanto a las perspectivas de continuidad del modelo y la crisis de 1930 marcó su ocaso definitivo.

Por otra parte, existían marcadas desigualdades regionales: las regiones metropolitana y litoral tenían la mayor concentración de población; en tanto que emigraban en grandes cantidades lospobladores nativos del Noroeste y de parte del Cuyo.

Las condiciones de vida de los trabajadores eran tan precarias –en particular en las zonas rurales del noroeste, nordeste y la Patagonia, situaciones que fueron descriptas por Juan Bialet Masse a principios de siglo.

El Censo de 1914 mostró que el 53% de la producción industrial correspondía a la rama de alimentos y bebidas, al tiempo que la producción textil mostraba un fuerte rezago respecto de otros países de América latina (solo 2% del total). El 74% de los insumos y materias primas que utilizaba la industria eran importados.

En 1913, antes de que estallara la Gran Guerra, el PIB per cápita argentino era de US$6.052 (a precio de dólar de 2011), pero era menos del PIBpc de Estados Unidos (US$10.108), Reino Unido (US$8.212) y Australia (US$8.220).

Arceo (2005) señala que, en 1929, el PIB per cápita argentino equivalía a un 85% del australiano, país con el que tradicionalmente se han realizado comparaciones debido a la similar dotación de factores y períodos de inserción en la economía internacional (de manera complementaria a la expansión británica), pero la producción industrial argentina en la década de 1920 era sólo un 70% de la australiana.

La industria se concentraba en el área metropolitana de Buenos Aires. Las grandes industrias eran de capitales extranjeros (británicos en su mayoría). Se trataba de una industria limitada a la rama alimenticia y a otras producciones imprescindibles, no competitivas por razones de costo y distancia, con los centros manufactureros mundiales. Esas fábricas no equivalían a una verdadera industrialización pues no se integraban entre sí ni parecían capaces de expandirse espontáneamente.

No existían las rutas ni caminos pavimentados, por lo que se complicaba la movilización de las cosechas durante las épocas de lluvias.

Los ferrocarriles, las empresas telefónicas y de electricidad, estaban controlados por capitales extranjeros.

Los capitales británicos poseían amplios dominios en la Patagonia y en el Chaco (santafesino y en la gobernación del Chaco).

Como la producción energética era insuficiente, la Argentina dependía de la importación de carbón y de petróleo (70% importado). Tampoco existía la industria siderúrgica ni había altos hornos. ¡Ni pensar en una industria pesada!

 

El Estado argentino carecía de una marina mercante para el transporte de sus exportaciones. Las grandes compañías extranjeras controlaban el comercio exterior argentino.

 

En resumen: para un buen observador, desde hace cien años la economía argentina mostraba importantes limitaciones, pero como en la pampa húmeda había un ingreso per cápita similar al de Australia o Canadá y las ciudades, como Buenos Aires, La Plata, Rosario, exhibían una notable pujanza, ha quedado una imagen incompleta y, por lo tanto, distorsionada de la Argentina.

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