por Susy Quinteros –
En 1929, en un vuelo de la Aeropostal, para la que trabajaba como aviador de correo sobrevolando la ciudad de Concordia en Entre Ríos, su avión perdió altura y cayó en el parque de un fastuoso castillo perteneciente a la familia francesa Fuchs. Una de las ruedas quedó aprisionada en un pozo y no pudo seguir el viaje.
Ante tan significativa irrupción de la placidez campesina, dos jovencitas de 12 y 18 años, hijas de los dueños, corrieron al encuentro del aviador. Le ofrecieron una ayuda que no pudieron darle ya que el aparato necesitaba urgente arreglo, pero se mostraron amables y recibieron al aviador. Frente al castillo de 27 habitaciones, cinco salones, inmensos ventanales y opulencia en un lugar alejado de la ciudad, Saint Exúpery recreó imágenes de su infancia. El idioma los acercó. Los mitos los alejaron. No es verdad que allí comenzó la fantástica historia del Principito. Esa historia tuvo su nacimiento en el desierto del Sahara en donde, también como el aviador, cayó el niño desde un planeta lejano. Pero es verdad que establecidos ya los lazos de amistad con la familia Fuchs, Antoine volvió a visitarlos en varias ocasiones.
El castillo de San Carlos erigía su esplendor sobre agrestes lomadas, selvas en galería y arenales al norte de la ciudad entrerriana de Concordia.
Hoy reconstruido, los turistas visitan el lugar y le sacan fotos a la estatua del protagonista del libro más leído del mundo. En 2014 fue puesto en valor por la Municipalidad de Concordia y recuperó algo de su anterior belleza.
Las leyendas acerca de su origen son muchas. Fue Edmund Demarchy, un francés extravagante dueño de bancos en París quien ordenó su construcción en 1883. Vivió allí con su esposa hasta 1891 y un día se alejaron en su barco por el río Uruguay y nunca regresaron. No se sabe con exactitud hasta cuándo vivieron los Fuchs en el lugar. Años más tarde un incendio intencional puso fin a su belleza y se convirtió en escondite de delincuentes que escapaban de la justicia y saquearon sus salones y su opulencia.
Antoine de Saint Exupéry en un capítulo de su libro Tierra de hombres escribía: “Aterricé en un parque sin saber que viviría un cuento de hadas. Todo parece tan lejano que pienso si fue verdad la aparición de las dos.”
Hoy, es motivo de atracción turística, al igual que el museo que funciona en las antiguas caballerizas.
Una placa sobre una de sus paredes y la estatua del Principito evocan la llegada al lugar del escritor más vendido del mundo. Convertido en Reserva Municipal de la ciudad entrerriana de Concordia, el viejo castillo sigue siendo motivo de atracción y de mitos que aún circulan entre sus ruinas.
Esta nota fue publicada por la revista La Ciudad el 30/11/2024