La exclusión condena a los jóvenes a vivir en un presente continuo donde sobrevivir cada día es la premisa por no poder estructurar un proyecto de vida.
Solo dos de cada diez estudiantes que comienzan la escuela primaria logran llegar al último año de la secundaria en el tiempo previsto y con un nivel satisfactorio en lengua y matemáticas. En segundo lugar, evidencian una falta de habilidades blandas, como la constancia, la responsabilidad y la capacidad de adaptación, tan necesarias para desempeñarse en el mundo laboral.
Según los últimos datos publicados por el INDEC, la tasa de desempleo es aproximadamente tres veces mayor entre los jóvenes de 18 a 24 años (19,5%) en comparación con el promedio de la población (7%), llegando al 21,5% para las mujeres. Además, entre los jóvenes asalariados, la informalidad alcanza el 63%, casi el doble del promedio general (36%) en un contexto por el cual 1 de cada 3 trabajadores formales están por debajo de la línea de la pobreza. Esta situación es preocupante por sus implicancias de corto plazo como por el impacto en sus perspectivas de futuro
Tal exclusión los condena a vivir en un presente continuo donde sobrevivir cada día es la premisa por no poder estructurar un proyecto de vida puesto que en buena parte de las nuevas generaciones el trabajo no brinda identidad como otrora sino apenas dinero. Proyecto que vive en el presente en infinitas situaciones domésticas. ¿Por qué los viernes solemos estar más contentos que los domingos? Ciertamente es la proyección del fin de semana o bien de la vuelta a la rutina de trabajo o estudio los que condicionan. Vivimos proyectando y tendemos a evitar el momento presente que es un modo de huir de la vida quedando cautivos de nuestras ideas. Ello deriva en la creciente necesidad de sensaciones y emociones momentáneas para sentirse vivos con impactos indudables en adicciones de todo tipo como la ludopatía (tan vigente actualmente en adolescentes) o consumos problemáticos de sustancias.
¿Dónde queda la identidad, la pertenencia y el proyecto de vida en un mundo globalizado y crecientemente cambiante por la aceleración de la automatización? Tales elementos resultan imprescindibles para orientar las acciones individuales de los jóvenes. Dicha situación en un marco de rechazo hacia todo el arco político y escasa visualización de derechos seguramente este veto no cambiará en gran medida la opinión del público juvenil.
En Occidente vivimos en sociedades crecientemente desarticuladas que deja librados a los jóvenes a una suerte de ética del naufragio: sálvese quien pueda.
(fuente: https://www.ambito.com/)