La visita que no fue
Repitió las acciones de cada mediodía. Volvió a sentarse frente a la mesa cubierta con un mantel rojo. Sobre ella, restos de comida. Tomó uno de los vasos, lo miró al trasluz, después lo sopló y de una jarra de vidrio se sirvió agua. Volvió a colocar el vaso en su lugar. Con la mano derecha se arregló un mechón de pelo. Miró por la ventana hacia la calle y vio que un auto se detenía frente a la casa Bajó una mujer con vestido gris y anteojos oscuros. Tenía la mitad de la cara cubierta con un sombrero
El chofer quedó sentado frente al volante sin girar la cabeza.
La visitante se tomó la cabeza con las dos manos. La sacudió hacia un lado y otro con fuerza. Tenía la cara crispada. Avanzó hacia la puerta de entrada y aferró el picaporte, se dio cuenta del inútil gesto y se pegó a la pared para no ser descubierta. Con el brazo extendido pulsó dos veces el timbre. La dueña de casa no se levantó. Después de largos minutos, escuchó los pasos en la vereda, el ruido seco que hacen las puertas de los autos al cerrarse, el ronroneo del motor que se alejaba.
SusyQ