Gracias a una valiosa iniciativa de la Facultad de Ingeniería de la UNER la comunidad académica participó de un modo distendido de una discusión sobre el lugar de las mujeres en la ciencia y la tecnología. La propuesta sirve para visibilizar los modos incluso sutiles por los que los varones mantienen intactas sus prerrogativas.
Mónica Borgogno / mborgogno@eldiario.com.ar
Las mujeres y disidencias que se dedican a la ciencia, no la pasan bien en el ámbito universitario. Menos aún las diversidades sexuales. Con una de estas frases disparó la charla, Jesuana Aizcorbe, una de las bioingenieras de la comisión de Protocolo contra la violencia sexista de la Facultad de Ingeniería de la UNER, que junto al Centro de Estudiantes, organizó un encuentro para hablar de estos temas. Fue una convocatoria que resultó curiosa, al menos si se lo mira desde afuera, por la modalidad que adoptó y la cantidad de adeptos que consiguió.
No es la primera vez que se hacen estas charlas. En 2019 comenzaron con estas ediciones de encuentros en las instalaciones del comedor universitario, donde se invitaba a docentes y estudiantes para compartir sus miradas sobre distintos temas de interés y de actualidad.
En este caso, afín a la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, se convocó a tres docentes bioingenieras que se desempeñan en diferentes ámbitos y una estudiante avanzada de esta carrera que se dicta en Oro Verde, para hablar del lugar de la mujer en la ciencia y la tecnología, sus experiencias de violencia sexista en los círculos académicos y en el mercado laboral y el sector privado.
Así, las bioingenieras Victoria Peterson, Alejandra Morales, Jesuana Aizcorbe junto a la alumna Rocío Roda, compartieron sus diversas vivencias atravesadas de pesares y también de estrategias para hacerse respetar. Con sus relatos, abonaron a la temática que las reunió.

Interés
Frente a un auditorio compuesto en su mayoría de estudiantes, las mujeres tomaron la palabra. Con un vaso lleno de pororó esperando en cada mesa y la cantina habilitada, los estudiantes se fueron arrimando para escuchar y luego, se animaron a decir lo suyo. Ese escenario fue lo distintivo de la convocatoria: un aire de informalidad que no le quitó seriedad ni complejidad al abordaje del asunto.
Según explicó a EL DIARIO, Luciano Querubín, dirigente del Centro de Estudiantes, la propuesta surgió precisamente para acercar las vivencias de los docentes a los alumnos y “habilitar debates que se enfoquen en temas de actualidad para ver qué piensa la comunidad académica sobre el aborto, en su momento, o el FMI, por ejemplo”, dijo. O en este caso, para dar cuenta de los matices que asumen los distintos recorridos laborales posibles de las mujeres y disidencias.
Estereotipos
Ya en diálogo con EL DIARIO, las participantes coincidieron en una serie de escenas repetidas y que, en cada caso, explicitaban situaciones de angustia. “En grupos de trabajos prácticos te ponían a copiar porque ‘las mujeres tienen mejor letra’, nos decían”, fue una de esas postales que bien pueden darse en otros ámbitos y que sólo multiplican visiones estereotipadas.
“Siempre nuestra voz es menos escuchada. Me pasó que estando en un grupo de amigos, alguien tiró una pregunta, la contesté y me ignoraron. Mi novio vio eso, repitió la respuesta que yo había dado y todos lo aplaudieron. Yo no lo podía creer. Son micromachismos que te van amoldando. Se da todo el tiempo en el ámbito universitario y en el ámbito laboral, aunque ahí con más crudeza todavía”, aportó a su vez, Aizcorbe.
“Que no te escuchen, que tu opinión valga menos, duele”, remarcó. Cabe acotar que Aizcorbe es bioingeniera, trabaja como docente e investigadora en la Facultad de Ingeniería de UNER y en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). Además, es integrante de la agrupación “Las Curie”, un colectivo de trabajadoras de la ciencia y la tecnología que desde 2017 viene dando batalla para hacer visibles los aportes de mujeres y disidencias al avance científico y también para denunciar situaciones de acoso, maltratos y discriminación.
Reconocer las tantas y disímiles situaciones de opresión, hacerles un lugar así como afianzar su autoestima y valorarse a sí mismas, es la tarea doble que suelen afrontar las mujeres que eligen hacer una carrera como científicas o investigadoras.
“Yo me dedico a inteligencia artificial”, precisó la investigadora Victoria Peterson, quien estuvo un tiempo radicada en Boston (Estados Unidos) para desarrollar allí una beca posdoctoral. “En Bioingeniería, seremos un 50 % de mujeres, un porcentaje mayor que en cualquier otra rama de la ingeniería, pero en inteligencia artificial hay una mayoría de varones. Cuando estuve trabajando en el extranjero, era la única mujer. Me pasaba que a veces el personal de limpieza no iba y entonces llegaba y me ponía a barrer porque quería trabajar en un lugar limpio. Siempre aparecía el chiste sobre el tema. Era una carga importante, no era con mala intención pero llegaba a mi casa y lloraba”, apuntó.

Estrategias
“Frente a la agresión, que a veces ni se percibe, ves cómo te amoldas porque es un lugar que elegiste y en el que queres estar”, dijo Aizcorbe al tiempo que añadió: “Nosotras lo transitamos de una manera, pienso que hoy las chicas en la Facultad lo viven de otro modo porque hay más redes sociales de contención, aunque todavía sigue habiendo tolerancia a este tipo de situaciones y circunstancias”.
Más adelante, la investigadora compartió algunos datos que ratifican las injusticias del sector. “En todas las ciencias, en general las mujeres están más formadas pero siempre figuran en la base de la pirámide. Es decir, en el ingreso a la carrera de Conicet se observa que hay más mujeres que varones pero subís, y ves que hay cada vez menos mujeres en los altos cargos”, afirmó. “Recién ahora, por primera vez, hay una presidenta de Conicet”, añadió en referencia a Ana Franchi, quien desde diciembre de 2019 está al frente del máximo organismo nacional de las ciencias y la investigación.
“Lo peor de todo es que no es explícito: nadie te dice ‘no podes ser jefa porque sos mujer’; sin embargo, subyace. Si tenés carácter porque tenés carácter y si no lo tenés, sos floja”, ilustró con una de las frases comunes con las que se topan en lo cotidiano.
Qué hacer con el malestar, las hostilidades permanentes, la subestimación, las trabas para crecer o hacer carrera como investigadoras, se les preguntó. De esa respuesta se desprendieron un par de estrategias posibles. “En CNEA empezamos a organizarnos y nos dimos cuenta que tejimos una red para ver qué hacemos con la violencia de género pero también respecto del trabajo y para hacer circular distintas oportunidades laborales entre nosotras. Es lo que nos sostiene”, comentó Aizcorbe.
Al mismo tiempo deslizó situaciones específicas que tienen su correlato con lo que dicen las estadísticas. “Si tenes un pibe y se te enferma, te empiezan a decir ‘vos faltas mucho’. En ciencia es muy común porque el momento de hacer una tesis y el acceso a becas es la edad en que la mayoría de las mujeres son madres. Al respecto, hay un estudio que dice que las mujeres científicas postergan su maternidad más que otras mujeres -por encima del promedio-, porque suelen esperar a terminar la tesis de doctorado. Hasta hace unos años las becas de Conicet no tenían licencias por maternidad, ni obra social, y había un límite de edad hasta los 35 años. De a poco, las mujeres hemos intentado revertir algunas de estas cuestiones”, subrayó no sin indignación. “Cómo puede ser que en Argentina haya cinco días de licencia por paternidad para varones y tres meses para mujeres. En pandemia nos decían ‘andá, tomate la licencia por cuidado’ y eso se tradujo en que los varones aumentaron la cantidad de publicaciones científicas durante la pandemia y las mujeres disminuyeron”, remató.
Fuente: El Diario