Por Juan Martín Garay (*)   –       

Un día como hoy, 20 de marzo, a las 24:00Hs de hace exactamente 730 días (2 años), comenzaba una nueva realidad para todos los argentinos y para nosotros como comunidad, algo de lo que luego tomaríamos consciencia con el paso de los días sobre la real magnitud que esto iría cobrando: nos encontrábamos ante una nueva Pandemia. El primer caso confirmado en la Argentina se había registrado el 3 de marzo.

El 11 de marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS), declaraba el brote del nuevo coronavirus como una Pandemia luego de que el número de personas infectadas por Covid-19 mundialmente llegara a las 118.554 y el total de muertes a 4.281, afectando hasta ese momento a 110 países. Al día siguiente el gobierno nacional, en el marco de la emergencia pública en materia sanitaria ya declarada por el artículo 1° de la Ley N°27.541 de finales de diciembre del 2019, amplió la misma en virtud del Covid-19 por el plazo inicial de un año, mediante el Decreto Nacional de Necesidad y Urgencia N°260.

El 18 marzo -15 días después del primer caso registrado en nuestro país- el Ministerio de Salud de la Nación contabilizaba un total de 97 casos de personas infectadas, habiendo fallecido tres de ellas. El 19 de marzo la OMS informaba que se constataba la propagación acelerada de casos a nivel global totalizando 213.254 personas infectadas y 8.843 fallecidas, llegando ahora a más de 158 países, dando cuenta también que el virus ya estaba incipiente en nuestro país desde hacía unos pocos días atrás.

A esa altura de los acontecimientos registrados, la velocidad en el agravamiento de la situación epidemiológica a escala internacional y a nivel local requirió la adopción de medidas inmediatas para hacer frente a la emergencia, por tales motivos se dictó el Decreto Nacional de Necesidad y Urgencia N°297 mediante el cual se determinó un “aislamiento social, preventivo y obligatorio” (ASPO) en todo el territorio argentino.

A partir de las 24:00 del 20 de marzo de 2020, tuvimos que permanecer obligadamente en nuestras residencias habituales o donde nos encontráramos al momento de darse por iniciado el ASPO. La lógica establecida por normativa, con las excepciones contempladas para el funcionamiento del país de una manera selectiva (actividades y servicios declarados esenciales en la emergencia), implicó el abstenerse de concurrir a lugares de trabajo o desplazarse por rutas, vías y permanecer en espacios públicos, todo con el fin de prevenir la circulación y el contagio del virus.

Historias marcadas a fuego

El resto de la historia que prosiguió es conocida por todos, del ASPO pasamos luego a un “distanciamiento social, preventivo y obligatorio” (Dispo) y así hasta la realidad actual. Pasamos desde la incertidumbre y el anhelo de una vacuna para este virus hasta tener la tercera dosis (incluso para algunos la cuarta) como realidad de un plan rector de vacunación impecable llevado a la práctica en nuestra ciudad, desde los aplausos para todos quienes trabajan en salud hasta las cuarentenas de contagiados y sus contactos, desde el resurgir como un canto a la vida de los casos positivos recuperados hasta la pérdida de seres queridos. Desde los controles en los ingresos de la ciudad hasta cuidar de las aglomeraciones en espacios públicos. Desde la distancia social hasta el uso de tapabocas, control de temperatura y el alcohol en gel. Desde el horario permitido para circular hasta el determinado para comerciar y sus diferentes variantes establecidas. Desde la suspensión de las celebraciones religiosas, actividades deportivas, recreativas, culturales y sociales (festejos de casamientos y cumpleaños) hasta las reuniones familiares, los aforos, ventilación cruzada y el pase sanitario, desde la no presencialidad y bimodalidad hasta las discusiones por la virtualidad. Desde las video llamadas hasta los “zoom”, “meet” y todo cuanto avance tecnológico se implementara de manera innovadora para poder proseguir en las actividades cotidianas. Dependerá del lugar desde donde cada uno lo vivió para tener una opinión personalísima de las situaciones atravesadas y que seguro marcaron a fuego sus historias de vida, la salud, lo económico, lo productivo, lo educativo, lo social y lo laboral.

En nuestra ciudad el Intendente Martín Oliva, haciendo un ejercicio casi cotidiano de un mecanismo de controles y equilibrios (versión castellanizada del “checks and balances”), mediante la conformación de un Comité de Organización de Emergencia de Salud Local (COES Local) y en una dinámica de trabajo impuesta por la necesidad de la realidad, pero para la que nadie estaba preparado (no se asume una gestión conociendo que una Pandemia de estas características azotará al mundo y la comunidad en la que vive, ni se puede preparar para ello previamente), se apegó a un respeto por las normativas que se fueron emitiendo desde el Gobierno Nacional y no se corrió en nada de los lineamientos establecidos por el Poder Ejecutivo Provincial, las medidas adoptadas en el plano local se hicieron buscando siempre el bienestar de la población por sobre todas las cosas. Los sucesivos decretos municipales fueron ratificados por el Honorable Concejo Deliberante cada vez que se elevaron para su tratamiento y consideración.

Primó siempre el diálogo con todos los actores de la sociedad civil involucrada y contemplada por las medidas sanitarias -a los fines de anticipar las mismas- solicitando colaboración y entendimiento, buscando siempre velar por el bien mayor del cuidado de la salud pública de la población, contemplando dentro de lo posible localmente un equilibrio entre ésta y lo económico. Por pedidos puntuales y debidamente fundados en la razón, el Intendente solicitó ante el Gobierno Provincial diferentes aperturas de actividades, las que con insistencia y gestión se lograron concretar. Lo importante fue siempre acompañar, estar presente con quien estaba pasando por un momento de tristeza y abatimiento, de desconocimiento y resignación, la mano extendida siempre estuvo y el hombro para apoyarse también. Festejar o llorar juntos ante gestiones que a veces lograron resultados favorables, o no tanto, se hizo costumbre. Hay que reconocer el esfuerzo que realizaron los uruguayenses en todo concepto: económico, social y familiar. Algo para destacar también es que con mucha voluntad y compromiso ciudadano nuestra ciudad estuvo 100 días sin registrar ningún contagio, hasta que lo inevitable llegó y el virus comenzó a circular incluso con sus variantes.

Hay que valorar y respetar el trabajo mancomunado y horizontal -fortaleciendo lazos institucionales de pertenencia solidaria a la comunidad- de todo el Hospital de Zona J. J. de Urquiza (el personal de salud que estuvo y está aún hoy día cara a cara con el virus), el Juzgado Federal, la Fiscalía Federal y la Defensoría Pública Oficial, el Ejército Argentino, las Fuerzas Federales de Seguridad con asiento en ciudad, la Policía de Entre Ríos y el cuerpo de Bomberos, sumado a todo el Personal Municipal que no fue dispensado y siguió trabajando desde el primer día de esta Pandemia (hubieron quienes justificadamente por una cuestión de salud ameritaron tal dispensa).

Desde una óptica personal me atrevería a afirmar que el balance está resultando positivo, pero el verdadero balance no lo haremos nosotros, ni quizás ustedes queridos lectores, el balance real lo va a hacer solamente la historia, cuando en años por delante miremos con perspectiva crítica e histórica este tiempo vivido y transcurrido. La Pandemia que aún no termina, nos cambió la vida, mucho más a quienes se encontraron con la triste realidad de tener un ser querido fallecido por el virus. 730 días es un plazo aceptable para hacer un análisis con objetividad y profundidad de este combate frontal al coronavirus que se dio en nuestra ciudad.

Por último, destacó que como dice Almafuerte: “a veces un gran destino está dormido, y viene el dolor y lo despierta”, a dos años transcurridos y con lo que quede por delante todavía, ojalá salgamos de esta situación mejor de la que entramos -todos juntos y fortalecidos como comunidad- algo que más que un deseo entiendo es una necesidad por el bien de todos, porque nuestra Histórica ciudad es la resultante de una construcción colectiva hacia el futuro.

(*) Secretario de Gobierno de la Municipalidad de Concepción del Uruguay desde el 2019. Presidente de Bloque Concejales del PJ 2017-2019. Presidente Comisión Hacienda y Presupuesto 2015-2019. Decano del Colegio Mayor Universitario de Santa Fe 2003-2004.-

(fuente: La Calle)

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