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Pinceladas sobre la Drapetomanía

Garay

por Juan Martin Garay.-

El pasado jueves 28 de septiembre tenía una cita con el conocimiento y a su encuentro fui. A partir de las 20.00 horas en el Auditorio Municipal Carlos María Scelzi, elaborada por el Consejo General de Educación junto a la Municipalidad y la Dirección de Educación Especial del CGE de la provincia, se hizo la presentación de la “mochila pedagógica”, una interesante propuesta que conlleva elementos didácticos y la revista con los contenidos desarrollados durante el V Congreso Nacional de Educación “Posibilidad de Alteridad (con) Ciencia Pedagógica” que se llevara adelante el pasado año en nuestra histórica ciudad.-

Además de esta propuesta -importante si las hay-, lo que me interesaba también era la posibilidad de oír la disertación del Licenciado Hugo Fiamberti (*) de quien me habían dado buenas referencias y a quien nunca había visto, leído o escuchado.-

En toda su alocución vinieron a mí conceptos que comúnmente nos atraviesan en la vorágine diaria de la actividad política y que no nos damos cuenta que están latentes, pero también otro por el que me vi interpelado y que motivó este pequeño pensamiento escrito de mi parte.-

Lo que este señor nos dejó como mensaje (entre varios más) es que a diario estamos conviviendo con el dolor, el dolor de quien necesita del “otro”, el dolor de ser reconocido, el dolor de los problemas, el dolor de la ignorancia, el dolor del olvido.-

Reconocer “al otro” como sujeto de derecho, como persona. Algo tan simple pero que muchas veces escapa hasta en los mínimo ejemplos a quienes tenemos la responsabilidad circunstancial de conducir los destinos del estado en cualquiera de sus manifestaciones, generalmente por lo consuetudinario de las acciones y hechos, otras tantas porque no se está preparado para afrontar la responsabilidad que conlleva estar en una función determinada del estado. Las administraciones muchas veces se pierden en el largo camino de la burocracia y las necesidades siempre están a una velocidad totalmente distinta de ésta. Como decía el Padre Atilio L. Rosso (*) la velocidad de los problemas escapa a la posibilidad de las soluciones, por eso muchas veces hay que ir por la tangente, practicidad con pragmatismo, en lo social muchas veces es necesario.-

Ahora bien, volviendo a lo que motivo mi necesidad de escribir estas líneas y no perdiendo el hilo de lo que me llamó la atención y por lo que me vi interpelado, me refiero al concepto que vertió Fiamberti cuando se le escuchó decir la palabra drapetomania.-

¿Qué significaba eso? ¿Qué nos quería decir Fiamberti al comentarnos al respecto? ¿Cuál era el mensaje?

Luego de finalizada la presentación de “la mochila pedagógica”, al llegar a mi casa, sin ningún libro en mi pequeña biblioteca que me desasnara al respecto -motivado por la necesidad de saber- opte por lo que muchos hacemos en este siglo XXI, en tiempos de la Pos Modernidad, “La tercera ola” de Alvin Toffler y la Sociedad del Conocimiento, investigué en Internet ayudado por el buscador Google.-

Así fue que llegue a conocer la drapetomanía de un modo más concreto, ella había sido descripta por el médico Samuel Adolphus Cartwright (*) en un artículo publicado en una revista llamada “De Bow’s Review” de Nueva Orleans, E.E.U.U. en el año 1851 bajo el título “Enfermedades y peculiaridades de la raza negra”. Pero al investigar me enteré que el autor de esta curiosa “enfermedad” no sólo le dio al mundo “científico” la drapetomanía sino también la aethiopica disestesia (esgrime el término aethiopica  por referencia a Etiopía, que entiende sería el origen de la “raza negra”).-

Del griego drapetes (fugitivo) y manía (manía o locura), la drapetomania se presenta en sociedad como una enfermedad de los esclavos negros (hoy aplicable a cualquier ser humano). Se manifiesta como un padecimiento mental de quienes tienen la manía de querer escapar de la esclavitud o de quienes ansían la libertad, por caso otra especie de alienación mental.-

La drapetomanía expresa que las causas que generan esta “enfermedad” son en el trato dado por los amos “si se le mantiene en la posición que nos enseñan las Escrituras que deben ocupar, es decir, la posición de sumisión y se les trata de manera amable protegiéndoles del abuso, el esclavo se queda”, por el contrario si se los maltrata se “despierta” esta enfermedad que hace a los esclavos querer escapar de la situación en que se encuentran. La cura de la enfermedad está dada por el castigo infringido, el que debe ser en su medida justa, pues un castigo acorde hace volver al esclavo a su posición de sumisión, por el contrario un castigo excesivo fomenta la drapetomanía.

La aethiopica disestesia se fundamenta en la poca motivación por el trabajo, dejadez, poco interés por la productividad, escaso rendimiento, motivación y compromiso con el amo, sin dejar de mencionar que conlleva el padecer “torpeza” y un “embrutecimiento de las facultades intelectuales”. Es tan grave la aethiopica disestesia que genera ánimo en el esclavo de “hacer mucho daño a las propiedades del amo y a plantear disturbios con sus capataces e insolencia”. La enfermedad -concluye- se da más en los liberados que en los esclavos, “los libres viven a su aire, con un régimen propio de trabajo, comida y bebida; fuera del control de sus amos la enfermedad latente se dispara”.-

Habiendo compartido con ustedes estas líneas, ¿no creen que estas “enfermedades” siguen vigentes para los que justifican las situaciones de vida algunos grupos de personas y sus reacciones? Vemos a diario a quienes no soportan que algunos seres humanos traten de salir de la situación que les vino dada, la de inferioridad, marcada por un condicionamiento económico y social que excluye y margina. Si bien la teoría es del siglo XIX, es otro ejemplo de racismo científico justificador de situaciones de hecho impuestas; como sea, de una manera u otra estamos en presencia de personas no reconocidas como tales, en seres humanos en situación de inferioridad. Aquí, allí o ahora.-

Para finalizar -sean o no católicos- les dejo una frase de Juan Pablo II que interpela, “la privación de lo necesario para vivir humilla al hombre; es un drama ante el cuál la conciencia de quién tiene la posibilidad de intervenir no puede permanecer indiferente”.-

 

(*) El licenciado Hugo Fiamberti es un reconocido profesional de nuestro país, especialista en Promoción de Derechos y Legislación sobre Discapacidad. Tiene varios títulos: Trabajador Social, responsable del Programa de Participación Ciudadana de la Fundación Par, integrante de la Comisión de Discapacidad de la Universidad Nacional de General Sarmiento, secretario de la Comisión de Discapacidad de la Asociación de Personal Legislativo en el Congreso de la Nación, asesor del Senado de la Nación y miembro de la red de investigadores del Inadi.-

(*) Samuel Adolphus Cartwright (1793-1863) fue un médico miembro de la Louisiana Medical Association. Nació en Virginia, estudió en Filadelfia y Louisiana y una vez licenciado practicó la medicina en Alabama, Mississippi y Nueva Orleans, antes de la Guerra de Secesión americana. No me enrollo, es importante situarlo.-

(*) Atilio Rosso nació en Leones (Córdoba) el 23 de noviembre de 1929. Se graduó como doctor en Química en la UNL y tomó un activo rol en el movimiento estudiantil de los ‘50. Ingresó al seminario de Santa Fe para iniciar su preparación como sacerdote en 1959. Fue rector del Colegio Mayor Universitario desde 1965. Allí, el 2 de mayo de 1970 se realizó el Primer Congreso para Sacerdotes del Tercer Mundo. En 1985, fundó en Monte Vera y Ángel Gallardo el Plan de Los Sin Techo hacia los 500 años de Evangelización. En 2004, el Senado de la Nación declaró su “reconocimiento y beneplácito” por la tarea solidaria de Rosso y Los Sin Techo. El Movimiento Los Sin Techo es una organización no gubernamental que trabaja para el desarrollo integral y la organización comunitaria del sector marginado de la ciudad de Santa Fe. Desde 1985 ha desarrollado distintas iniciativas tendientes a encontrar respuestas a los problemas estructurales de los más pobres. En 2005, el rey Juan Carlos de España le concedió la Encomienda de la Orden de Isabel La Católica como fundador y “alma mater” del Movimiento. Atilio Rosso falleció el 23 de Abril de 2010 a los 80 años.-

 

Written by
La Ciudad

Periodista Especializado en Tecnología.

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