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9 DE JULIO DE 1816, LA DECLARACIÓN DE INDEPENDENCIA EN TUCUMÁN

Por Rodolfo Oscar Negri     –    

Se cumplen un aniversario mas de la Declaración de la Independencia realizada el 9 de Julio en Tucumán y para analizar el tema, creemos que es importante –antes- tener en cuenta el contexto en que se produjo.

Panorama Internacional

La situación internacional bajo el cual se reunía el Congreso no podía ser peor. Los realistas habían recuperado Chile luego de la batalla de Rancagua, hecho que tuvo lugar entre el 1° y 2 de octubre de 1814. Habían fracasado todos los demás movimientos revolucionarios en América Latina: México, Colombia y Venezuela. Napoleón Bonaparte fue definitivamente derrotado en Waterloo (18 de junio de 1815). Ello significaba que las tropas españolas que en la península lucharon contra las fuerzas francesas quedaban liberadas, a partir de entonces, para reconquistar a sus colonias americanas sublevadas. De hecho, existía la amenaza concreta de que una poderosa fuerza realista de diez mil hombres, al mando del general Pablo Morillo, desembarcara en cualquier momento en Buenos Aires. La caída de Napoleón significó también el colapso de todo intento republicano y la restauración de las antiguas monarquías en Europa, así como la conformación de la Santa Alianza, un acuerdo entre las monarquías absolutas para restablecer el orden anterior a la Revolución francesa. La revolución rioplatense estaba en la mira de una gran fuerza internacional.

La Economía

España no sólo no había fomentado el desarrollo industrial en sus colonias americanas, sino que hizo todo lo posible para obstaculizarlo y poner trabas al comercio entre las distintas regiones del extenso territorio. España misma tenía una escasa producción industrial, que no alcanzaba a cubrir las necesidades básicas de sus habitantes y debía importar la mayoría de los productos elaborados.

La zona de Buenos Aires producía básicamente materias primas para exportar, como cueros, sebo para las velas y tasajo, que era una grasa salada utilizada por países como Brasil y Estados Unidos para alimentar a los esclavos. Esto le reportaba a la región importantes ganancias, que junto con el manejo exclusivo de las rentas del puerto y la Aduana -que aumentaron enormemente a partir del reglamento de Libre Comercio de 1809- le permitían darse el lujo de importar todos los productos que necesitaba sin necesidad de preocuparse por su fabricación.

Así pensaba al menos la mayoría de los mercaderes porteños, que preferían la ley del menor esfuerzo y la ganancia fácil antes que el aporte para el progreso, que hubiera implicado que destinaran parte de sus enormes ganancias -como hicieron los ganaderos y granjeros norteamericanos- a invertir en la industria.

La situación del interior era diferente. En algunas regiones como en Cuyo, Córdoba, Corrientes y las provincias del Noroeste, se habían desarrollado pequeñas y medianas industrias, en algunos casos muy rudimentarias, pero que lograban abastecer a sus mercados internos y daban trabajo a los habitantes de estas regiones. Para el interior el comercio libre significó en muchos casos la ruina de sus economías regionales arrasadas por los productos importados más baratos y de mejor calidad.

El manejo del puerto y la Aduana en forma exclusiva e injusta por parte de Buenos Aires y que le dejaba a su clase comercial ganancias que serán el origen de muchas de las grandes fortunas de lo que será la futura oligarquía argentina y el tema central de los enfrentamientos que comenzarán a darse por esta época y no concluirán hasta la década de 1870.

La situación interna

A todo ello, el Ejército del Norte, al mando del general José Rondeau, acababa de caer derrotado escandalosamente en Viluma o Sipe-Sipe (29 de noviembre de 1815). Todo lo que se había recuperado del Alto Perú se volvía a perder ante las fuerzas realistas.

Las provincias Oriental, Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes y Misiones se encontraban unificadas bajo el liderazgo del caudillo oriental José Gervasio Artigas, cuyas banderas de independencia, autonomía y federación, libertad política y religiosa, apertura de puertos, eran demasiadas exigencias para los centralistas de la ciudad-puerto. Eso los había llevado a traicionar a la Liga de los Pueblos Libres (como se denominaba el Protectorado de Artigas), en tanto persistían con la fantochada de la “máscara de Fernando”, mientras negociaban con ingleses, portugueses e incluso españoles perjudicando a los habitantes del interior o entregándolos –lisa y llanamente- a su dominio. No olvidemos que la bandera hispana ondeó en el fuerte de Buenos Aires hasta el 16 de abril de 1815.

El Congreso del Oriente y la “otra” Independencia

El 29 de junio de 1815, en el poblado del partido del Arroyo de la China, en la villa de Concepción del Uruguay, Entre Ríos, se había reunido el Congreso de la Liga de los Pueblos Libres, bajo el nombre del Congreso del Oriente. En él habían participado delegados de la Banda Oriental del Uruguay, Entre Ríos, Córdoba, Santa Fe, Corrientes y Misiones, convocados para “tratar la organización política de los Pueblos Libres, el comercio interprovincial y con el extranjero; el papel de las comunidades indígenas en la economía de la confederación, la política agraria y la posibilidad de extender la Confederación al resto del ex-Virreinato”.

El profundo debate concluyó con la Declaración de la “Independencia de todo poder extranjero”, sosteniendo la Confederación de las provincias autónomas como organización política; además se confeccionó de un “Reglamento para el fomento de la campaña” que fue promulgado el 10 de septiembre del mismo año y que constituye la primera Reforma Agraria de América Latina. Establecía la expropiación de tierras y su reparto a los que la trabajan “con la prevención que los más infelices sean los más privilegiados”.

Estos hechos no fueron reconocidos por la ciudad-puerto y las provincias que no formaban parte de la Liga.

La provincia de Córdoba –que había participado en tal Congreso-, si bien envió sus congresales a Tucumán, sosteniendo las ideas de Artigas se mostraría distante y enfrentaría ferozmente a los diputados porteños.

Liga de los pueblos libres mapa jul 2017

Como frutilla del postre, los portugueses invadieron la Banda Oriental a fines de abril de 1816.

El Congreso de Tucumán su representatividad

El cuerpo se instaló el 24 de marzo de 1816, con la presencia de veinte diputados. Desde fines de 1815 habían empezado a llegar.

Sin embargo, resolvieron empezar a sesionar únicamente cuando hubiera arribado un número significativo de congresales. La publicación oficial del órgano, El Redactor del Congreso Nacional, explicó en su primer número: «Se ha deseado vivamente para la instalación del Soberano Congreso la reunión de los representantes de todos los pueblos de la comprehensión de las Provincias Unidas, y habrían concurrido efectivamente, si libres aquellas del opresor de sus justos derechos hubieran podido elegirlos. Pero los que se han reunido, y que componen las dos terceras partes de los nombrados, han querido instalarlo sin pérdida de momentos, así para ocurrir del modo que esté a sus alcances a los inminentes males que amenaza el retardarlo, como para llenar los votos de los pueblos libres, que miran en el Congreso de sus representantes el único asilo que les queda, la única sagrada ancora de que asirse en el naufragio, en que ven expuesta su libertad, y el interés común de salvarse a toda costa».

En síntesis, consideraron suficiente contar con los dos tercios de los representantes presentes. Sin embargo, nunca aclararon cómo arribaron a ese número.

El apuro y la ansiedad por comenzar a funcionar pudieron más que un mero prurito formalista.

Al principio, cundía la desconfianza entre los diputados provincianos y porteños. Eran los más dignos y respetables de cada provincia, adictos a la causa americana; pero ilustres desconocidos en la escena pública. Muchos de ellos volverían al ostracismo después de haber concluido su labor en el Congreso.

La Declaración de la Independencia

Las sesiones del Congreso de Tucumán comenzaron bajo la presidencia de Pedro Medrano; resolviéndose que la misma sería rotativa y mensual.

El primer debate fue la elección de Juan Martín de Pueyrredón, diputado por San Luis, como Director Supremo y designaron al general Manuel Belgrano General en Jefe del Ejército del Alto Perú, en reemplazo de Rondeau, que había quedado muy desprestigiado tras la derrota de Sipe-Sipe.

El Director Supremo partió prontamente para Córdoba, donde lo esperaba el general San Martín para tratar un tema secreto. Después se supo el contenido de las conversaciones que duraron dos días: el cruce de los Andes, la Independencia de Chile y el Perú. San Martín lo había preparado durante años, teniendo muy en cuenta un manuscrito de 47 páginas que había sido elaborado por el general inglés Thomas Maitland en 1800 que aconsejaba tomar Lima a través de Chile por vía marítima.

Luego se discutió sobre la forma de gobierno. La mayoría de los congresales acordaba establecer una monarquía constitucional, es decir, buscar un príncipe europeo o volver a estar bajo la autoridad española bajo este régimen.

Belgrano propuso ante los congresales el establecimiento de una monarquía moderada, encabezada por un príncipe inca. Fue apoyado por San Martín, Güemes y los diputados del Alto Perú quienes propusieron que la capital del reino fuera el Cusco.

Los enviados de Buenos Aires dijeron que la idea era ridícula porque no se aceptaría a un rey en ojotas. Pasaban los meses, las batallas entre monárquicos y republicanos se hacían cada día más intensas y no llegaron a un acuerdo.

San Martín, enojado.

La demora en la declaración de la independencia impacientó al gobernador intendente de Cuyo, José de San Martín cuyo poder militar se había transformado en determinante.

En carta a Tomás Godoy Cruz decía: “Hasta cuándo esperamos declarar nuestra independencia. ¿No le parece a usted una cosa bien ridícula, acuñar moneda, tener el pabellón y cucarda nacional y por último hacer la guerra al soberano de quien en el día se cree dependemos? ¿Qué nos falta más que decirlo? Por otra parte, ¿qué relaciones podremos emprender, cuando estamos a pupilo?”

Independencia y moderación.

El 9 de julio de 1816 era martes y el sol brillaba en Tucumán. La sesión comenzó a las dos de la tarde. Bajo la presidencia del sanjuanino Narciso Laprida, el secretario, Juan José Paso, preguntó a los congresales si querían que las Provincias de la Unión fuesen una nación libre de los reyes de España y su metrópoli. La propuesta fue aprobada por aclamación. El Acta de Independencia declaraba solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e indubitable de estas provincias romper los vínculos que las ligaban a los Reyes de España, recuperar los derechos de que fueran despojadas e investirse del alto carácter de nación independiente del Rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli.

Remiendos de último momento.

El 19 de julio los diputados agregaron al texto y a la fórmula del juramento de la Declaración de la Independencia, la frase “y de toda dominación extranjera”, ya que algunos congresistas conspiraban en secreto para entregar el país a Portugal o Inglaterra. La declaración iba acompañada de un sugerente documento que mencionaba el fin de la Revolución y principio del Orden porque los congresales querían dar una imagen de moderación frente a Europa, que, tras la derrota de Napoleón, no toleraba la palabra revolución.

¿Quiénes eran quienes firmaron la Declaración y a quien representaban?

  • Diputados por Buenos Aires: Dr. Tomás de Anchorena (nacido en BsAs), Dr. José Darregueira (nacido en Lima, Perú), Dr. Estaban Agustín Gascón (nacido en Oruro, Bolivia), Dr. Pedro Medrano (nacido en BsAs), Fray Cayetano Rodríguez (nacido en BsAs), Dr. Antonio Sáenz (nacido en BsAs), Dr. Juan José Paso (nacido en BsAs),
  • Diputados por San Juan: Dr. Francisco Narciso de Laprida (nacido en San Juan), Fray Justo Santa María de Oro (nacido en San Juan),
  • Diputados por Charcas (hoy Bolivia): Dr. José Mariano Serrano (nacido en Chuquisaca, Bolivia), Dr. José Severo Malabia (nacido en San Juan), Dr. Mariano Sánchez de Loria (nacido en Chuquisaca, Bolivia), Pbro. José Andrés Pacheco de Melo (nacido en Salta),
  • Diputado por Mizque (hoy Bolivia): Dr. Pedro Ignacio Rivera (nacido en Mizque)
  • Diputado por Salta: Gral. José Ignacio de Gorriti (nacido en Jujuy), Dr. Mariano Boedo (nacido en Salta),
  • Diputados por Tucumán: Dr. José Ignacio Thames (nacido en Tucumán), Dr. Pedro Miguel Aráoz (nacido en Tucumán),
  • Diputado por Mendoza: Dr. J. Agustín Maza (nacido en Mendoza), Dr. Tomás Godoy Cruz (nacido en Mendoza),
  • Diputado por Catamarca: Dr. Manuel Antonio Acevedo (nacido en Salta), Dr. José Eusebio Colombres (nacido en Tucumán),
  • Diputado por Jujuy: Dr. Teodoro Sánchez de Bustamante (nacido en Jujuy),
  • Diputado por La Rioja: Dr. Pedro Ignacio de Castro Barros (nacido en La Rioja)
  • Diputados por Córdoba: Jerónimo Salguero de Cabrera (nacido en Córdoba), Lic. José Antonio Cabrera y Cabrera (nacido en Córdoba), Eduardo Pérez Bulnes (nacido en Córdoba),
  • Diputado por Santiago del Estero: Pbro. Pedro Francisco Uriarte (nacido en Santiago del Estero), Pedro León Gallo (nacido en Santiago del Estero)

También en quechua. 

El acta que declaró la independencia de nuestro país fue escrita en español y en quechua. Los historiadores dan cuenta que la influencia del idioma de los pueblos originarios del Norte y del Alto Perú tenían una fuerte presencia e influencia. El autor de esa versión, fue el congresal José Mariano Serrano de Chuquisaca. El primer párrafo comenzaba así: «Kay sumaq ancha kamayoq San Miguel Tukmanmanta hatun llaqtapi, waranqa pusaq pachak chunka soqtayoq wataq qanchis killaq isqon p`unchayninpi llaqtancheqrayku qhawanankupaq…»

La Comunicación a Buenos Aires

El teniente Cayetano Grimau y Gálvez fue el encargado de llevar la noticia de la independencia a Buenos Aires. Cabalgó durante nueve días y llevó el Acta de Declaración de la Independencia dentro de un cuero de cabrito cosido y lacrado. En Buenos Aires se realizó un acto público en la actual Plaza de Mayo, el 13 de septiembre de 1816. La Plaza, el Cabildo y la Pirámide fueron adornados con banderas y cintas. El resto del país recibió la noticia mediante copias del Acta de la Independencia que se enviaron a través de chasquis. El Congreso imprimió 3.000 ejemplares, de los cuales la mitad estaban escritas en castellano, 1.000 en quechua y 500 en aymará.

San Martín festejó con una corrida de toros.

Cuando llegó la noticia de la Declaración de la Independencia a Mendoza se organizó un gran festejo con una corrida de toros en la que actuaron varios de los soldados destacados de San Martín, quien se aficionó a los eventos taurinos durante su estancia en España. Estos espectáculos fueron corrientes en las fiestas populares de toda la América española y congregaban a gran cantidad de público y de todas las clases sociales.

El panorama después de la Declaración de la Independencia

Este era el cuadro que se abría ante el Congreso, según la pluma de uno de sus miembros, Fray Cayetano Rodríguez: «Divididas las provincias, desunidos los pueblos y aun los mismos ciudadanos, rotos los lazos de la unión social […] erigidos los gobiernos sobre bases débiles y viciosas. Chocados entre sí los intereses comunes y particulares de los pueblos […] enervadas las fuerzas del Estado, agotadas las fuentes de la pública prosperidad […] extinguidas las virtudes sociales […], conducidos en fin los pueblos […] a una espantosa anarquía […] [urgía] la instalación de un gobierno que salvase la unidad de las provincias, conciliara su voluntad y reuniera los votos concentrando en sí el poder».

Eso sí, la instalación de dicho gobierno, tenía como objetivo la subordinación a intereses puntuales y la solución se daría, siempre y cuando se hiciera lo que pretendía el poder centralista y unitario de la ciudad-puerto.

La lucha por la constitución de una Patria con Federación e Igualdad, se hacía cada vez más difícil. El objetivo se veía cada vez más lejos.

Todo este relato, no tiene otro objetivo que el de hacer conocer y tomar conciencia de todos los obstáculos (internos y externos) que tuvieron que superar los prohombres que dieron origen a nuestra nacionalidad para hacer la Argentina democrática, libre e inclusiva. Un deber que todavía tenemos pendiente.

 

Este texto fue escrito y publicado por La Ciudad el 9 de Julio de 2017.

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