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Vino sin alcohol, una bebida resistida por el mercado

El Instituto Nacional de Vitivinicultura impulsa la idea de sumar el vino sin alcohol a la oferta del mercado actual. Pero la iniciativa no convence.

El vino forma parte de numerosos brindis y rituales, y está catalogado como la bebida nacional en la Argentina.

Este año su consumo tuvo un considerable crecimiento, que se estima fue producto de la cuarentena, según afirmó el Instituto Nacional de la Vitivinicultura, cuyo presidente, Martín Hinojosa, lanzó una novedosa propuesta que apunta a sumar otro público: fabricar en el país vino sin alcohol. Según indicó, se trata de una alternativa que se está dando en distintas partes del mundo y es una opción para atraer nuevos consumidores.

Sin embargo, la iniciativa causa polémica y en términos generales no convence. El mercado tradicional resiste a esta innovación y hasta descree que sea posible, ya que “el vino es, exclusivamente, la bebida resultante de la fermentación alcohólica, completa o parcial, de uvas frescas, estrujadas o no, o de mosto de uva. Su contenido en alcohol adquirido no puede ser inferior a 8,5% volúmenes”, de acuerdo a la definición de la Organización Internacional de la Viña y el Vino.

Al respecto, Gustavo Fracisconi, propietario de una vinería en Paraná, comentó a UNO: “Sin alcohol ya no sería vino, ya que en el proceso se pasa el azúcar de la uva a alcohol. Existen los jugos de uva, pero en base a uva sin fermentar”.

Si bien reconoció que una bebida como la cerveza sin alcohol tiene cierta demanda y es requerida por embarazadas, o personas que por problemas de salud no pueden beber la cerveza tradicional, observó que en el caso de los consumidores habituales de vino son muy conservadores y ponen resistencia incluso para comprar vino en lata, o incluso alguno que tenga tapa a rosca en lugar de alcornoque.

Fernando Jacob, referente de una bodega de la zona de Colonia Ensayo que produce las variedades tannat, merlot, malbec, syrah y alguno blanco como chardonnay, coincidió: “Sin alcohol no sería vino, porque la fermentación de la uva produce alcohol. Si bien ha habido visitantes que nos piden jugo de frutas, el procedimiento de elaboración es distinto y hay que tener otro tipo de maquinarias”.

En el mismo sentido, María Jesús Vulliez, de la una de las bodegas más renombradas de la provincia, señaló con asombro: “Es la primera vez que escucho sobre el tema, pero el vino es la uva fermentada, y la fermentación es el azúcar que se transforma en alcohol, así que es imposible”.

Edit Ramat, estudiante de la tecnicatura en Enología y Fruticultura en San José y socia de un viñedo en el Departamento Villaguay, expresó: “Si tengo que dar una opinión de mercado, no creo que tenga mucha aceptación un vino sin alcohol”.

En tanto, Daniel Giménez, titular de la cátedra de Enología de la Tecnicatura en Enología y Fruticultura que se dictada en la localidad de San José y productor vitivinícola de la costa del Uruguay, manifestó: “No sé cómo es la técnica para fabricar vino sin alcohol, pero esta propuesta responde a una cuestión del mercado, que es un poco el que manda. Nosotros en Entre Ríos no estamos haciendo vino sin alcohol, sino tratando de elaborar vinos de calidad para seguir insertándonos en el mercado”.

Por su parte, Noelia Zapata, productora y presidenta de la Asociación de Vitivinicultores de Entre Ríos (AVER), señaló a UNO: “Hay que tener claro a qué se llama vino. El vino proviene de la fermentación de la uva, y cuando la uva se fermenta, genera alcohol.

“Creo que sería un producto muy diferente al que elaboramos con las uvas y las cepas entrerrianas. Un vino con poca graduación, con 5° o 6°, se puede lograr muy bien, porque se deja fermentar poco, y son más bien dulces porque se mantienen los grados de azúcar del fruto en el vino. Pero creo que si no hay un proceso mínimo de fermentación sería jugo, entonces no le podemos llamar vino”, dijo, y aclaró: “No soy química y esta es mi visión personal”.

Si bien prefirió no aventurarse a contestar si el vino sin alcohol tendrá aceptación en la región, concluyó que beber vino es parte de una tradición: “Entendemos que el vino es un producto que se debe disfrutar, no consumir o tomar de golpe, sino acompañando productos regionales, con amigos, en eventos especiales. El vino tiene toda una tradición y me parece que a veces está bueno también conservar las tradiciones, no eliminarlas, porque tienen una importancia en la vida de las personas”.

PRODUCCIÓN PROVINCIAL

El país cuenta con una extensa trayectoria en la vitivinicultura, y si bien Entre Ríos era una de las principales provincias productoras durante los inicios del siglo XX, a través de la sanción de la Ley nacional N° 12.137 en 1935 se creó la Junta Reguladora del Vino que prohibió la actividad fuera de la región cuyana.

La medida estuvo vigente hasta 1993, y desde entonces proliferaron nuevamente los viñedos, a fuerza de paciencia, tal como requiere el crecimiento de las viñas; y también las bodegas en el territorio provincial.

Daniel Giménez, docente de Enología y productor, aludió al gran creciendo que tiene la actividad en la región y recordó que se trabaja con una variedad de cepas: “El clima y el suelo son aptos, y hay variedad de uvas blancas y tintas. Se elabora desde cabernet sauvignon, o chardonnay, hasta vinos rosados, blancos y espumantes. Actualmente hay tres bodegas industriales y después hay muchas bodegas artesanales y de producción casera. En general son todas emprendimientos familiares”.

Sobre la dinámica de comercialización, aseguró: “Normalmente el canal comercial es el turismo, la gente que visita los viñedos, y los emprendimientos que hay en caso de que tengan bodega. Se hacen visitas y es una actividad atada un poco al turismo rural”.

Noelia Zapata, presidenta de AVER, dijo al respecto: “Desde la asociación lo que hacemos es propender a que se desarrolle la vitivinicultura de los viñedos sanos, que sean cuidados en suelo entrerriano, para que lleguen a la producción de un buen vino, con cepas variadas. Hay tres componentes muy importantes en esto, que son el cuidado del viñedo, el de la cosecha de ese fruto, y los procesos de esa bodega, ya sea artesanal o la que hace vino casero”.

Por Vanesa Erbes

(fuente: Uno)

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