Por Rodolfo Oscar Negri –
La historia oficial es la que se escribió desde Buenos Aires, pero –nosotros sabemos- hay otra historia y esta es nuestra visión.
Antecedentes
Ante el fracaso de las negociaciones intentadas con Buenos Aires y digo fracaso porque independencia, autonomía y Federación, libertad política y religiosa, apertura de puertos, eran demasiadas exigencias para los centralistas de la ciudad-puerto, que todavía persistía con la fantochada de la “máscara de Fernando”, mientras negociaban con ingleses, portugueses e incluso españoles.
No olvidemos que la bandera hispana ondeó en el fuerte de Buenos Aires hasta el 16 de abril de 1815.
Recordemos también que, en el año 13, en ocasión de la Asamblea, los diputados orientales fueron rechazados. Desde la ciudad-puerto no podían admitir el pensamiento artiguista de poner en pie de igualdad a todas las provincias y esa fue (es) una lucha que todavía se disputa.
Entonces no es difícil de entender esto, cuando ya existía la experiencia de que el poder central había “negociado” la entrega de la Banda Oriental y de los pueblos que estaban ubicados en la margen occidental del rio Uruguay (esto es Concepción del Uruguay, Gualeguay y Gualeguaychú) al Virrey Elío -que estaba en Montevideo- a pesar del triunfo de las tropas patriotas y del dominio que se ejercía sobre aquellos territorios y donde lo único que se escapaba de su control era la capital; traicionando así a aquellas poblaciones que se habían sumado a la causa de Mayo y habían luchado denodadamente en defensa de la naciente nacionalidad.
Por eso no es difícil entender la adhesión a José Gervasio Artigas.
El vencedor de Las Piedras continuó con la lucha, pero fue sumando enemigos –a los españoles, se sumaron los portugueses y más tarde los porteños- no obstante, también fue ampliando su prestigio e influencia, ya que los pueblos sentían la identificación con sus ideales, que eran suscriptos y compartidos no solo por la Banda Oriental, sino también de las provincias del continente de Entre Ríos (lo que hoy es Entre Ríos, Corrientes y Misiones), Santa Fe y Córdoba.
El Congreso del Oriente
Artigas, entonces, convocó a los pueblos que estaban bajo lo que se llamaba su Protectorado a un Congreso que se llevaría a cabo en el partido de Arroyo de la China en la ciudad de Concepción del Uruguay.
Se fueron cumpliendo los pasos para la realización del mismo (elección de los representantes, etc.) y el 28 de junio de 1815 Artigas salió de Paysandú y al día siguiente ya en Concepción del Uruguay realizó una exposición de apertura de las sesiones.
Explicó lo tratado con los enviados a Buenos Aires, señalando el éxito desgraciado que había tenido la negociación.
Luego se decidió enviar 4 diputados a Buenos Aires para:
(…) reproducir las mismas reclamaciones hechas anteriormente por dicho general (…)
El objeto era lograr un entendimiento con la premisa de mantener la unidad basándose en los principios de:
La soberanía particular de los pueblos será precisamente declarada y ostentada, como objeto único de nuestra revolución; la unidad federal de todos los pueblos e independencia no sólo de España sino de todo poder extranjero (…)
Artigas explicaría luego:
“Ya reunidos en esta villa de la Concepción del Uruguay, en 29 del corriente, expuse lo urgente de las circunstancias para no dejar en problema estos resultados (…) Califiqué las proposiciones que por ambas partes se habían propuesto, su conveniencia o disonancia en todas y cada una de sus partes, y después de muchas reflexiones, resolvió tan respetable Corporación, marchasen nuevamente ante el gobierno de Buenos Aires cuatro Diputados que a nombre de este Congreso General, representasen la uniformidad de sus intereses y la seguridad que reclaman sus provincias. Al efecto partirán en breve para aquel destino los ciudadanos Dr. Cossio, nombrado por el Entre Ríos, el Dr. Andino, por Santa Fe, el Dr. Cabrera, por Córdoba, y don Miguel Barreiro, por la Banda Oriental, todos con los poderes e instrucciones bastantes a llenar su comisión.”
Llegaron a Buenos Aires por vía fluvial el 11 de julio y el 13 presentaron una nota al director supremo sustituto. Como respuesta recibieron la orden perentoria de embarcarse en el navío Neptuno bajo custodia del almirante Guillermo Brown y luego fueron confinados en una casa sin que el director supremo Álvarez Thomas los recibiera. Luego se les volvió a ofrecer la independencia de la Provincia Oriental, a lo que los delegados respondieron: La Banda Oriental entra en el rol para formar el Estado denominado Provincias Unidas del Río de la Plata.
No se conoce cuando se disolvió el congreso, pensando algunos autores que lo hizo luego del regreso de la delegación a Buenos Aires. Se conserva un pasaporte otorgado el 13 de agosto al diputado santafesino para el regreso a su provincia, marcando la fecha máxima posible de labor del congreso.
Es cierto que no se conservan las actas originales del Congreso, ya que se han extraviado, pero se ha podido reconstruir fidedignamente las principales actuaciones a partir de otros instrumentos concordantes.
Se sabe, por ejemplo, que el diputado por Santa Fe, Pascual Diez de Andino, arribó con las mismas Instrucciones que en 1813 portaron los diputados de la Banda Oriental ante la Asamblea Gral. Constituyente en la primera de las cuales se reclamaba: “Primeramente pedir la declaración de la independencia absoluta de éstas colonias, que ellas están absueltas de toda obligación de fidelidad a la corona de España y Familia de los Borbones y que toda conexión política entre ellas y el estado de la España, es y debe ser totalmente disuelto”.
Otro de los instrumentos que fue adoptado por este Congreso fue el que Artigas propusiera a los diputados porteños Pico y Rivarola, pocos días antes, en el cual se disponía que “las Provincias de la Liga, y la Liga misma, formarían parte del Estado denominado Provincias Unidas del Río de la Plata… en el pleno goce de toda su libertad y derechos, pero sujetas desde ahora a la Constitución que organice el Congreso General del Estado, legalmente reunido, teniendo por base la libertad”.
Cuando Artigas tomó conocimiento de la declaración de independencia en San Miguel de Tucumán, escribió al director supremo Pueyrredón el 24 de julio de 1816: “Ha mas de un año que la Banda Oriental enarboló su estandarte tricolor y juró su independencia absoluta y respectiva. Lo hará V.E. presente al Soberano Congreso para su Superior conocimiento”.
29 de Junio: La Independencia ocultada
Un trabajo artero de ocultamiento se cierne sobre aquel 29 de Junio de 1815, en el poblado del partido del Arroyo de la China –sí, nuestra Concepción del Uruguay, Entre Ríos-, donde se reunió el Congreso de los Pueblos Libres, participando delegados de la Banda Oriental del Uruguay, Entre Ríos, Córdoba, Santa Fe, Corrientes y Misiones, convocado para “tratar la organización política de los Pueblos Libres, el comercio interprovincial y con el extranjero; el papel de las comunidades indígenas en la economía de la confederación, la política agraria y la posibilidad de extender la Confederación al resto del ex-Virreinato”.
El profundo debate concluye con la Declaración de la “Independencia de todo poder extranjero”, sosteniendo la Confederación de las provincias autónomas como organización política.
Es una de las primeras declaraciones de independencia en el Sur de América, pero esta no era una declaración separatista del Río de la Plata, por lo que se designó una delegación que viaje a Buenos Aires para acordar la unidad sobre estos principios: “La Soberanía particular de los Pueblos será precisamente declarada y ostentada, como objeto único de nuestra revolución”; la unidad federal de todos los pueblos e independencia no solo de España sino de “todo poder extranjero”.
La intransigencia del gobierno centralista porteño hizo fracasar la gestión política por la unidad y recién un año después – 9 de Julio de 1816 en Tucumán – se declaró la independencia del resto de las Provincias del Río de la Plata respecto de la metrópoli hispana.
En el Congreso se Juró la Bandera Tricolor de la Confederación de los Pueblos Libres: blanco al medio, azul en los extremos y una franja roja cruzada, resolviéndose que todos los Pueblos de la Confederación sostengan “el Pabellón de la Libertad” como la llamaba Artigas.
Por último se confeccionó de un “Reglamento para el fomento de la campaña” que es promulgado el 10 de septiembre del mismo año, que constituye la primera Reforma Agraria de América Latina. Establecía la expropiación de tierras y su reparto a los que la trabajan “con la prevención que los más infelices sean los más privilegiados”.
El Reglamento establece claramente que el reparto no es el de promover la acumulación de tierras sino todo lo contrario, prevé en sus artículos que “los agraciados no posean más que una suerte de estancia”; también que no “puedan enajenar o vender estas suertes de estancia ni contraer sobre ella débito alguno bajo la pena de nulidad…”.
“Estas son heredades que tienen un alto sentido de reparación social y de instrumento de mejoramiento del campo y no de meros instrumentos para transacciones comerciales”.
Con estas medidas más el Reglamento de Aranceles (9 de septiembre de 1815) en la Liga Federal se constituyó como un “mercado común regional” donde se protegía la producción interna de la Confederación y se fomentaba la agricultura con el reparto de tierras, animales y semillas.
En aquel tiempo y desde nuestra tierra, en el Congreso de los Pueblos Libres no solo se Declaró la “Independencia de todo poder extranjero”, sino que al mismo tiempo se estableció un sistema económico, político y social de equidad e igualdad, que se reflejó en el reparto de la tierra y de integración regional con los pueblos hermanos (fundamentalmente los aborígenes).
El mejor homenaje es la convicción y el compromiso de construir esa Patria que nos contenga a todos, independiente de todo poder extranjero, democrático, con una equitativa distribución de la riqueza.
Este hecho fundamental –el Congreso del Oriente y la declaración de la independencia- fue en nuestra Concepción del Uruguay. Es imprescindible recuperar el conocimiento histórico, porque hace a nuestra entidad cultural y a nuestra identidad como pueblo. Es aprender a conocernos nosotros mismos. Si no lo hacemos, perderemos hasta el derecho a comprender nuestra propia esencia y solo seremos parias sin ese vínculo mágico y fuerte que hace a la nacionalidad y al sentido de pertenencia como pueblo. Es imprescindible recuperar la memoria histórica, para recuperar nuestra Identidad Cultural.
Esta nota fue publicada por La Ciudad el 29/6/18