Por Susy Quinteros –
Empezó a llover. Ella sabe que es la hora del acierto y la desgracia. Cerca, entre árboles mojados, el sonido inconfundible de los truenos y claridades de relámpagos. La radio apaga el bullicio del agua que aumenta su caudal. Verdad lluviosa que despierta en la tierra y la modela atrevidamente. La mujer de los silencios sabe que llegó la hora. Desde la mesa de luz una vela deja ver los dibujos de un techo que descascara pobreza. La vida la había golpeado con fiereza. Dos hijos muertos vivían en retratos con sonrisas y el tercero había ahuecado el ala hacía un tiempo. Todos los días las precarias pertenencias recibían el buen trato de sus manos y la olla cada vez menos. Jamás pensó que seguirían las desventuras. Siempre le reclamaba a la estampita de la virgen que ya había sido suficiente. Tocó el hombro de hace mucho y le dijo:- tenés que entregarte Manuel, ya están en el patio-.
