El universo de la la infancia escolarizada quedó en la modernidad anclado en la fronteras muy delimitadas entre ese “ otro” y “ nosotros”. Espacio ambiguo, de neblinas, hasta turbio, donde no es fácil redifinirla apareciendo una y otra vez la lógica de lo binario que no se puede sostener dos espacios indefinidos. Se produce entonces la eliminación o la fusión.
Normalidad y su contrario siguen jugando con categorías que nunca terminan en ponerse en tensión, lógica binaria que inventó y denominó con los mil nombres a lo NEGATIVO. Dependencia jerárquica que existe por fuera del “nosotros” imagen velada, invertida del “otro”. La Educación especial reclama la interrogación acerca de las representaciones que se portan de la alteridad.
El “otro” discapacitado paga un alto costo subjetivo por quedar inmerso, invisibilizado entre posiciones, diagnósticos, etiquetas, fronteras pensados en relación a la diferencia con la normalidad y no como diferenciados en su singularidad como sujetos.
La diversidad apresada desde el discurso y las prácticas, en los “otros” externos al “nosotros”…. ellos son los “diversos”.
Como parte del Profesorado de Educación Especial hoy ponemos en escena y problematizamos como se han construidos las diferencias en torno a los sujetos de la Educación Especial para refundar una pedagogía de la diferencia Esta mirada es el nuevo desafío, repensar una educación de calidad cuando uno o varios alumnos no responde al concepto homogeneizador del que partimos.
Cada alumno cada grupo es siempre un extranjero para que cada profesor SE RESISTA a heredar etiquetas y se proponga ofrecer algo distinto, inventar lo no sabido, para que ese sujeto pueda ocupar otro lugar que no sea el ya pensado por el diagnóstico o el origen. Esa tiene que ser la educación Especial hoy.
Texto: Margarita Villanova.
(Texto extraído de la página del ISFD «CAROLINA TOBAR GARCIÁ»)